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La ciudad de la furia

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Dicen que en España hay un bar por cada 140 habitantes. en Buenos Aires debe haber una pizzería por cada 140 habitantes.

Buenos Aires sabe a pizza, a la de muzza. Bien esponjosa y con mucho queso. No hace falta nada más. Bueno sí, una porción de fainá (una especie de “pan” hecho de harina de garbanzos con la que se acompaña la pizza) y una cerveza bien fría, a poder ser una Imperial, o una Stella Artois, o una Heineken.

Buenos Aires huele a libros viejos. La Avenida Corrientes está completamente inundada de librerías de ocasión, con libros y revistas de segunda mano. Librerías que permanecen abiertas hasta la madrugada. ¡Hasta la madrugada!

Buenos Aires suena a tango. Mientras esperaba el tren en una estación, unos chicos tocaban la guitarra, el violín, el bandoneón. Las personas que esperaban como yo se acercaban y vaciaban sus mentes al son de la música. Uno sabe cuando alguien vacía su mente y se limita a dejarse invadir por una melodía, esas cosas se leen en los ojos. Ninguno era turista. No se trataba del típico turista acercándose al folclore del país que está visitando. Eran argentinos disfrutando de su música. Los envidiaba, en España no vi nada parecido.

Buenos Aires te llena la vista de luz, de espectáculo. Está inundada de teatros, de cines, de conciertos, de fútbol. La misma Casa Rosada es un espectáculo. Por la noche se enciende, poderosa, hermosa, femenina; llenando de rosa potente los ojos de aquél que la mira.

Buenos Aires tiene ese calor del mate, de las cafeterías de antes, de la madera, de la piedra.

La ciudad de la furia, que decía Cerati (que en paz descanse, por fin), me enamoró. Es gigante, tan descomunal que impresiona verla desde el avión. Colosal, llena de vida. Imposible verlo todo en tres semanas. Lo cual sólo me deja una opción: tendré que volver.

Cúpula de un edificio en Avenida Rivadavia, Buenos Aires.

Cúpula de un edificio en Avenida Rivadavia, Buenos Aires.

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No se puede

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Ayer entró a la tienda en la que trabajo un chico alemán con su novia colombiana (yo española y mi jefa argentina, parecíamos un chiste). Nos pusimos a conversar sobre por qué me encontraba en este país y cómo había ido a parar al lugar en el que vivo en concreto (¿¿qué haces en un lugar como éste?? es una de las preguntas que más he escuchado en los últimos meses). En un momento me pregunta, en un español perfecto: ¡¿Y cómo haces para vivir sin jamón?!

No se puede, le contesté yo.

 

Son las doce de la mañana y apenas entra luz por la ventana de mi pequeño apartamento. Podría encender la lámpara que hay sobre la mesa, pero escribo en semi penumbra, tomando mi café con leche. Me he levantado gris, como el día.
Cómo hago para vivir sin jamón. No se puede. Así de simple. Aquí hay jamón, pero no tiene nada que ver con el de España. No hay fuet, no hay sobrasada, no hay mortadela de olivas. No hay chorizo asturiano para cuando hago habichuelas. No se puede.

 

 

No hay Mar Mediterráneo. No hay olor a sal.
Mientras aquí estamos (lentamente, porque se resiste) entrando en un invierno bajo cero, la gente del norte sube a las redes sociales fotos en la playa. Fotos del mar brillante y liso como un espejo.
Ojos que no ven, corazón que no siente. Y a la inversa. (¿Hay alguna manera de configurar el Facebook para que no te muestre las fotos de la gente junto al Mediterráneo? ¿No? Debería.)
¡¿Cómo haces para vivir sin Mar Mediterráneo?!, podría haberme preguntado el chico alemán de acento español perfecto. Mi respuesta habría sido exactamente la misma.

 

Sabía que ésas dos serían las primeras cosas que echaría de menos (cosas, no personas. Otro día hablaré de las personas. Quizá). Pero no pensaba que fuera a ser tan pronto.

Justo ahora empieza a llover. Menos mal.

 

visto en facebook, creo que es málaga

 

Los que tengáis la posibilidad, ¿me haríais un favor? Enterrad los pies en la arena por mí.

Entrada 2 en 1: Mmmmpanqueques! + Gracias, Nala!

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Hoy va una entrada que vale por dos. Con los tiempos que corren, os podéis dar con un canto en los dientes 😉

Para empezar, lo prometido es deuda (JuanRa, ponte el babero): ayer, merendé panqueques.
No sé porque no los había hecho antes, es facilísimo y están de muerte. Recuerdo haber hecho crepes hace algunos años, pero desde entonces sólo los había comido en un restaurante (un buffet libre que hay en Barcelona donde la relación calidad-precio es bastante buena y tienen de todo).

Así que el otro día dije basta y me puse manos a la obra.

Como sólo iba a hacer para mí, usé:toda la parafernalia

  • 1 huevo
  • 1/4 vaso de leche (¿os habéis fijado en que viene envasada en bolsas? ¡Me recuerda a cuando era pequeña!)
  • 1/4 vaso harina (la 0000 es más fina, pero yo no me di cuenta y compré la 000)
  • 1 cucharada azúcar
  • mantequilla
  • e-vi-den-te-men-te e in-dis-pen-sa-ble-men-te, dulce de leche

Con esas cantidades, a mí me salieron dos panqueques (quizá tres si los queréis hacer más finos).
Bueno, el tema es así:

Yo primero batí el huevo, y luego le agregué la leche, mezclándolo bien.tamizando harinabate que bate que bate el chocolate
Después, con ayuda de un colador, tamicé la harina. Si tenéis batidora con varillas evidentemente el trabajo es mucho más rápido. Y a los que no, haciéndolo así como os digo, con el colador, queda perfecta.

sin grumooooosendulzando un pelín el tema

Luego sólo queda añadirle el azúcar.

Pasamos a la sartén.
de aquí a un rato, esto será un panquequeEn base al tamaño de la sartén (lo ideal es una sartén medianita, tirando a pequeña) y a lo que le guste a cada uno, echaremos más o menos cantidad de mezcla. Yo le puse un poco menos de un cazo.

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Se pone a fuego medio-fuerte, se le echa un cacho de mantequilla y a medida que se derrite movemos la sartén para que se impregne toda la superficie. Una vez derretida, vertemos la mezcla de manera uniforme.

Y ahora ya viene el arte que tenga cada uno. Yo he visto muchas veces hacer panqueques (a los del
cara B
cara Arestaurante que os decía antes) y el tipo movía la sartén haciendo círculos para que no se pegue, luego hacía ¡hop! a lo Arguiñano y le daba la vuelta al aire para que se hiciera por el otro lado. Yo hice lo mismo, no es difícil (os lo dice una torpe), y es divertido.

como si fuera una tortillababas all the time la primera cucharada, a la boca; la segunda, al panquequeCuando ya lo tengo casi hecho le pongo el dulce de leche mientras aún está al fuego, así se deshace un poco. Lo enrollo con la paleta y al plato.

¡Tacháááán!

al ataqueeee

Atención a las posibles variantes y versiones mejoradas. Yo me los comí, como dicen por estos lares, así nomás; pero lo suyo es echarle cosas encima. A mí me encanta la nata montada, y con helado de vainilla también queda muy rico. Pero sin duda, como más me gustan son flambeados. Mientras están en la sartén se les echa ron y azúcar, de manera que hace llama. El alcohol se quema y queda el sabor del ron mezclado con el azucar que se ha caramelizado. Ni te cuento lo que es eso.

Bueno, ahora os dejo unos minutos para que vayáis a por el bote de Nocilla para saciar la gula que os acaba de entrar, o pilléis un cacho de turrón, ¡o vayáis a haceros unos panqueques!

¿Ya? Perfecto. Barriga llena, corazón contento, que decía una que no viene al caso.

En segundo lugar, quería agradecer a Nalataia el premio que me ha mandado desde su blog, lo he recibido con mucho cariño. Siempre agrada saber que las cosas que uno escribe, por simples que sean, gustan.
Recibir el premio supone hacer una serie de cosas. No soy muy dada a hacer cadenas, pero considero justo contestar al menos a las preguntas que Nala realizaba a aquellos que recibían el premio. Qué menos.

Bueno Nala, ahí van:

1. No puc anar a dormir si no… / No puedo meterme en la cama si antes… no me quito la ropa. Me molesta para dormir, como mucho me pongo una camiseta si hace frío.
Bueno, y sin hacer pis.
2. Explica’m amb qui vas i… / Dime con quién vas y… quizá dejes de interesarme. Con los años me he vuelto más respetuosa en cuanto a que cada uno haga y piense lo que quiera, pero si no va un poco en sintonía conmigo , no me dan ganas de conocer profundamente a esa persona. Por ejemplo, no podría ser amiga íntima de un sexista, o de un racista, o de un fascista, o de una persona que sólo piense en divertirse y no tenga conciencia social. Mantengo las formas, pero no me pidas más. (No sé si ésa era la respuesta que debía dar, si es incorrecta, haz ¡meeec!)
3. Desig d’any nou? / ¿Deseo de Año Nuevo? Siempre pido por la salud, porque sin ella no tiene sentido nada. Pero este año voy a permitirme pedir que les corten la cabeza a todos los hijos de puta que siguen chupando del bote a costa de las personas que lo único que pretenden es vivir tranquilas. Y que la gente la líe parda de una santa vez, joder. Por desgracia tiene que ser así.
4. Dolç preferit / Dulce favorito: ¡El tiramisú! (¡A ver si un día me lanzo y hago uno, también! Madre mía, estoy que no paro. ¡A engordaaar! Jajajja)
5. Quina illa et compraries? / ¿Qué isla te comprarias? Menorca, sin duda, porque la conozco y me encantó. Pero una de ésas del Pacífico me viene bien, también.
6. Déu o Deesa preferit / Dios o Diosa favorito: Tutatis, dios del pueblecito galo de Astérix y Obélix.
7. Castells de sorra o túnels? / ¿Castillos de arena o  túneles? Yo era de hacer túneles en la playa, cavaba pozos hasta que salía agua.
8. Personatge històric a qui li plantaries una bona bufa a la cara / Personaje histórico al cual le darías una buena bofetada: a Franco. Menudo cabrón. Aunque una bofetada se queda cortísima.
9. Última lectura. Dioses Menores, de Terry Pratchett. Hace un montón que no leo, por cierto…
10. El teu moment troll de l’any / Tu momento troll del año. ¿Qué es un momento troll? ^^’
11. Recomana un bloc / Recomienda un blog. Bueno, he leído en tu blog que te gusta mucho la lectura. Uno de mis blogs favoritos es Cotidiano Apocalipsis, mini-historias que ni imaginarías. Mejor que no te diga nada y le eches un vistazo. Creo que te gustará.

Con las manos en la masa

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Una de las cosas a las que me he aficionado en estos dos años de inactividad laboral ha sido a la cocina. Fue algo no meditado, que se fue dando poco a poco. Recuerdo que me di cuenta un día que iba al mercado del barrio a comprar algunas verduras. Descubrí que era algo que me gustaba hacer: ir a comprar y pensar en qué hacer para comer o cenar. Quién lo diría, con la pereza que me ha dado siempre.

Cambia mucho cocinar cuando uno tiene tiempo y ánimo. Y lo bueno es que no hace falta tener mucho dinero para cocinar cosas ricas. Así que mataba las horas buscando recetas por internet y poniéndolas en práctica. Recuerdo que encontré una receta de albóndigas que superaba con creces la que yo había hecho siempre, y que ahora se ha convertido en uno de mis platos favoritos.

Ahora, aquí, sigo teniendo mucho tiempo libre, ya que no trabajo todavía. Así que sigo en la línea que traía: entretenerme en la cocina. Una cosa que tenía ganas de intentar hacer son las típicas empanadas de carne argentinas. Las he probado en alguna ocasión y me parecen deliciosas. Además no son difíciles de hacer, pero sí es entretenido (hice unas 20 y acabé hasta el mismísimo moño, entre otras cosas porque ya tenía hambre y cuando tengo hambre no veo otra cosa). Así que para la próxima ya sé que debo tomármelo con más tiempo y calma.

Para las empanadas compré medio quilo de carne picada (aquí venden dos tipos de carne picada: la común y la especial, que es un poco más cara pero más rica y menos grasienta; siendo esta última la que compré).

el sofrito

el sofrito

El sofrito lo hice con cebolla, cebolla de verdeo (vendría a ser como la cebolleta fresca), ajo, pimiento (en la receta original no salía, pero tenía medio pimiento que se me estaba poniendo malo -por cierto, al pimiento le llaman “morrón”, ya sea rojo o verde-) y luego le agregué una patata rallada para que hiciera bulto (tampoco estaba en la receta original, pero me daba miedo quedarme corta con el relleno, cosa que no pasó).

condimentos

condimentos

Mientras se sofreían las verduras, herví tres huevos que luego corté a trocitos. También corté a aros algunas aceitunas.

Agregué la carne al sofrito y lo aderecé todo con los siguientes condimentos: sal, pimienta, ají molido (es un poco picante), comino y pimentón. Todo bastante a ojo (le echaba, y lo probaba, le echaba más si era necesario, y lo volvía a probar… así hasta que me pareció que estaba rico). El resultado fue un relleno bastante jugosón.

¡qué timo!

¡qué timo!

el relleno al chup chup

el relleno al chup chup

Luego venía la parte delicada: montar las empanadas. La primera sorpresa me la llevé cuando abrí el paquete de tapas y vi que algo fallaba. En el paquete decía “12 tapas”, pero en realidad, ¡había diez! ¡Ladrones! Un amigo argentino me dijo, entre risas: “¡vete acostumbrando!”. Como veía que tenía relleno para dar y regalar y encima me faltaban dos tapas, decidí ir a comprar un paquete más.

el relleno

el relleno

a 15 minutos de ser devoradas

a 15 minutos de ser devoradas

El caso fue que al final acabé haciendo 22 empanadas (2 paquetes de 12 menos las 2 que me timaron). A lo que, por si fuera poco, le sumamos una pizza napolitana (mozzarella, tomate en rodajas y ajo) y un par de botellas de Imperial (la cerveza más rica que he probado hasta ahora en Argentina).

Ni falta hace que os diga que comimos hasta reventar. Y las empanadas quedaron bastante ricas para haberlas hecho una española. Ratman se llevó un par al trabajo, y su compañera, tras comerse una, le dijo: ya te puedes casar con ella, jajajaj

la cena

la cenariquísimasriquíssssimas

Así que ya estoy pensando en la próxima receta que voy a hacer, que creo que van a ser… ¡PANQUEQUES!

Mataría por #1

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Mientras contestaba a los comentarios de la entrada anterior he olido a sobrasada. Real como que el teclado sobre el que escribo es negro. De hecho, sigo oliendo a sobrasada. Pero en mi casa NO hay sobrasada. Ni en esta localidad. Ni en la provincia. Posiblemente ni siquiera en el país.

Son las cuatro de la mañana y necesito sobrasada. Mataría por una rodaja de pan untada con sobrasada, la del Mercadona me vale.
Esto tenía que pasar algún día, pero no pensaba que sería tan pronto. Y es sólo el principio. Queda inaugurada la lista.

Una bañera llena de croquetas – Historias de parra ficción (6)

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Todos saboreaban sus cervezas y reían mientras él escenificaba fragmentos de películas y series que todos conocían. Lo hacía con gestos exagerados, porque sabía que cuando exageraba, ella se reía más.

Él nunca daba besos o abrazos a nadie cuando llegaba a una cita. No es que le resultara incómodo, es que simplemente no tenía el hábito. Siempre llegaba tarde, hecho un torbellino y con algo que contar. No sabéis lo que ha pasado, hostia sabes de donde vengo, tío venía sobrado de tiempo y al final me he liado con. Todos se metían entonces en esa vorágine de acontecimientos que explicaba con la impaciencia de un niño que quiere abrir su regalo de cumpleaños y la potencia de un boxeador que deja KO a su contrincante.
Nunca daba besos o abrazos a nadie cuando llegaba a una cita. Hasta que ella empezó a sumarse al grupo.

– Hueles a pescado – le dijo ella a él cuando se le colgó del cuello y le dio dos besos.
– Hueles a pecado – le contestó él a ella, en un acto reflejo totalmente involuntario.

Una hora y media más tarde, él se encontraría en el baño del bar haciendo un Vincent Vega. Con las manos apoyadas en el lavamanos, hablaba con su propia imagen reflejada en el espejo. Una cerveza más y te vas. No seas grosero, te ha invitado a otra ronda. Te la tomas rápidamente, le dices adiós, te metes en el coche y te largas de aquí. En un silencio de dos segundos visualiza a su mujer durmiendo desnuda en la cama. Que te quede claro. Sales ahí fuera, te tomas la cerveza, dices “buenas noches, he pasado una velada muy agradable”, te vas a casa, te haces una paja. Y eso es todo lo que vas a hacer.

Cuando salió de nuevo a la terraza, ella estaba hablando de la escena de aquella serie que le gustaba tanto en la que uno de los protagonistas le dice a otro que elija entre una bañera llena de mermelada o una tía buenísima en pelotas. Ella dice que preferiría una bañera llena de croquetas. Todos ríen.
Él también ríe. Le encantan las croquetas.

Marcos López, o la razón por la que veo el telediario del fin de semana

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Pocas son las veces que sale por televisión alguna noticia alegre y positiva. Pero todo y eso,  este hombre hace que no me importe en absoluto si la prima de riesgo está por las nubes, o si Rajoy huye de los periodistas, o si a Sáenz de Santamaría se le caen los morros por pronunciar la ‘o’ con tanto énfasis. Cualquier mala noticia, si sale de su boca, es menos mala.

Para muchos y muchas, su atractivo puede no ser comparable al atractivo del george clooney ese de Telecinco, pero a mí es que los que son guapos a primera vista me aburren. La primera vez que vi a Marcos López,  a Marcos,  no me resultó especialmente llamativo. Pero los que de primeras no son llamativos son los mejores porque los vas descubriendo poco a poco, y cuando eso sucede es… fantástico. 

Recuerdo que empecé a prestarle atención un día a raíz de una tontería, de un gesto, algo similar a como si se irguiera para coger aire antes de empezar a hablar, gesto que me pareció de lo más varonil. A partir de ahí y de analizarlo durante algunas semanas (soy así de obsesiva, a veces) he llegado a la conclusión de que me todo en él me parece varonil: sus facciones, sus gestos, su voz.

Para los que aún no le conozcáis (sólo presenta las ediciones del fin de semana), aquí os dejo un vídeo (la tele no le hace justicia, con lo guapote que sale en las fotos del google imágenes):

(Al inicio del vídeo, mientras habla la de los deportes, Marcos se yergue con movimiento sexy, y repite en el minuto 0:08. Ay, si es que me encanta)