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Taxi

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– Buenas noches.
– Buenas noches.
– A Arco 1246, por favor.
– Cómo no.

 

– ¿Usted es un taxista de los que hablan o de los que callan?
– Depende del pasajero.

– ¿Usted es una pasajera de las que hablan o de las que callan?
– Depende del taxista.

 

 

– ¿Es usted feliz?
– Mmm… Bueno, no me falta el trabajo, me gusta conducir así que puedo decir que me gusta mi trabajo. Tengo una familia a la que quiero, con nuestras cosas, como pasa en todas las familias; pero nos queremos. No me sobra demasiado, pero tampoco me falta. No sé si eso es suficiente para ser feliz. Aunque sí, en mi caso podría decir que lo soy.
– Entiendo.
– ¿Usted es feliz?
– No lo sé. Es una pregunta que nunca he terminado de entender del todo.
– ¿Pero las cosas le están yendo bien?
– Sí, me están yendo bien.
– Empezar de cero no es fácil.
– No, no lo es.
– ¿Tiene usted gente que la quiere?
– Más de la que pensaba, y más de lo que creía.
– ¿Tiene trabajo, un hogar (con uno pequeño es suficiente, siempre que sea acogedor)? ¿Tiene ilusiones?
– Sí. Tengo todo eso.
– Entonces usted es más feliz de lo que cree.

 

 

– ¿Cuánto le debo?
Cuánto le debo.

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Es que yo soy muy culta

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Tiendecita de menaje y decoración de pueblo. 16:47h (+4 horas en España, +3 horas en Canarias).

Entran dos mujeres. Una de ellas se dirige a mí y me pregunta, emanando un aliento que ni el peor de los trolls:

– ¿Tienen vasos chiquititos?
– ¿Como de chupito? – le digo yo, retrocediendo un paso.
– ¿Y esos como son?
– Acompáñeme que se los muestro -digo mientras me dirijo a la zona de bazar-. Son estos, señora, ideales para el tequila o para cualquier licor que se le ocurra.
– En realidad es para un culto.
– …
-Somos de la Iglesia de Nuestro Señor del Séptimo Día -dice con cara de orgullo.
– …
– ¿La conoces?
– Pues no…
Me mira como si hubiera dicho una barbaridad.
– Es que no hace demasiado que vivo aquí, y aún no conozco mucho… -me apresuro a decir, no vaya a ser que esa mujer me tire un mal de ojo del séptimo día.
– Ahora tenemos un culto, y vamos a necesitar comprar muchas cosas -me dice, haciéndose la importante.
– Pues muy bien, aquí las esperamos cuando quieran, entonces.

Y se fueron sin comprar nada.

Y digo yo: ¿será que siendo del séptimo día, vienen a preguntar precios y hasta el séptimo día no pasan a comprar los vasos? ¿Será que siendo del séptimo día, y con semejante aliento, sólo se lavan los dientes en domingo?

 

Pueblos.

100 metros vallas

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Una barrera puede ser un muro que separa en dos una ciudad. Puede ser un detector de metales. Puede ser la lluvia, el sol, el viento o la carencia de él. Una enfermedad.

Una diferencia puede ser una barrera. Una persona puede ser una barrera. La incomunicación puede ser una barrera. Una persona con la que tienes una diferencia y con la que no te puedes comunicar es… muy complicado.

Quisiera saber dónde tiene su origen la incapacidad de dialogar que tienen algunas personas. Si el origen está en la autoestima, en la soberbia, en un trauma infantil, en la envidia. Quisiera saber qué debo hacer para colaborar, para ayudar a que esa persona hable conmigo sin sentir que la ataco. Quisiera saber cómo controlar mis nervios, cómo ser más diplomática.

Si hay una barrera que puede acabar con todo (con mi paciencia lo primero) es la incapacidad de poder sentarse a hablar con alguien que piense distinto.

Ahí va una trascendental de las que toca de vez en cuando

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Qué fuerte esas personas que son capaces de componer música clásica. O de la que sea, digo clásica porque como hay tanto instrumento pues parece más difícil. Supongo que se deberá tener mucho coco para eso. O para tocar un instrumento, leyendo notas. Pero componer… qué fuerte debe ser componer.

 

Uno muchas veces no se da cuenta de las cosas, o no quiere darse cuenta, hasta que le queda poco tiempo. Pensamos que las personas van a estar siempre a nuestro lado, y de repente alguien se va (no es metáfora, no se ha muerto nadie. Simplemente es que la gente ahora se va a otros lados porque aquí no tienen mucho que hacer). Y cuando sabes que alguien se va a ir piensas en todo lo que tendrías que haber hecho en todos estos años de amistad que no hiciste, y pretendes solucionarlo en unas semanas. Pero no funciona así, aunque lo haces igualmente. Supongo que para no tener remordimientos.

 

Un brainstorming es una lluvia de ideas, ¿no? Entonces un brainfeeling debe ser una lluvia de sentimientos. Al igual que en el brainstorming, en el brainfeeling cabe de todo: alegría, tristeza, rabia, paz, empatía, egoísmo…
Coño con el brainfeeling que no me deja en paz. Es como estar con la regla twentyfourseven.

 

(Todo esto así, de buena mañana y habiendo dormido como el culo. Será por eso. O no.)

Una bañera llena de croquetas – Historias de parra ficción (6)

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Todos saboreaban sus cervezas y reían mientras él escenificaba fragmentos de películas y series que todos conocían. Lo hacía con gestos exagerados, porque sabía que cuando exageraba, ella se reía más.

Él nunca daba besos o abrazos a nadie cuando llegaba a una cita. No es que le resultara incómodo, es que simplemente no tenía el hábito. Siempre llegaba tarde, hecho un torbellino y con algo que contar. No sabéis lo que ha pasado, hostia sabes de donde vengo, tío venía sobrado de tiempo y al final me he liado con. Todos se metían entonces en esa vorágine de acontecimientos que explicaba con la impaciencia de un niño que quiere abrir su regalo de cumpleaños y la potencia de un boxeador que deja KO a su contrincante.
Nunca daba besos o abrazos a nadie cuando llegaba a una cita. Hasta que ella empezó a sumarse al grupo.

– Hueles a pescado – le dijo ella a él cuando se le colgó del cuello y le dio dos besos.
– Hueles a pecado – le contestó él a ella, en un acto reflejo totalmente involuntario.

Una hora y media más tarde, él se encontraría en el baño del bar haciendo un Vincent Vega. Con las manos apoyadas en el lavamanos, hablaba con su propia imagen reflejada en el espejo. Una cerveza más y te vas. No seas grosero, te ha invitado a otra ronda. Te la tomas rápidamente, le dices adiós, te metes en el coche y te largas de aquí. En un silencio de dos segundos visualiza a su mujer durmiendo desnuda en la cama. Que te quede claro. Sales ahí fuera, te tomas la cerveza, dices “buenas noches, he pasado una velada muy agradable”, te vas a casa, te haces una paja. Y eso es todo lo que vas a hacer.

Cuando salió de nuevo a la terraza, ella estaba hablando de la escena de aquella serie que le gustaba tanto en la que uno de los protagonistas le dice a otro que elija entre una bañera llena de mermelada o una tía buenísima en pelotas. Ella dice que preferiría una bañera llena de croquetas. Todos ríen.
Él también ríe. Le encantan las croquetas.

Memoria

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A propósito de la memoria y los recuerdos, ayer leía esto: “Los recuerdos son lo único que nos pertenece. Están hechos a nuestra imagen y semejanza. Dime qué recuerdas y te diré cómo te lo inventas. Ficción basada en hechos reales“. No me pudo parecer más acertada (y bella) esa descripción.
Precisamente esta mañana, durante una conversación, he verificado (una vez más) que un mismo recuerdo puede ser recordado por dos personas de muy distinta manera.
Y la verdad es que estas cosas a mí no dejan de provocarme perplejidad.

Si hay algo que me intriga del ser humano es el cerebro. Sé que es un tema recurrente, objeto de miles de estudios científicos, programas de televisión y debates. Pero por mucho que pueda ser analizado me sigue pareciendo increíble todo lo que rodea su existencia y funcionamiento.
Cuando uno compra riñones o hígado para hacer a la plancha, o ve cómo destripan a un pollo, o cómo le sacan los ojos a un pescado puede no sentir nada, sentir asco, o incluso parecerle divertido (a mí lo de los ojos del pescado me hace mucha gracia). Pero ¿quién no ha visto en una carnicería los sesos de algún animal y los ha estado observando durante unos segundos, semi hechizado? Yo creo que es algo más o menos generalizado. Sus formas y recovecos parecen esconder, como los laberintos a los que tanto se asemejan, misterios a los que tenemos acceso restringido.
Y lo que gustan los cerebros. No me refiero a la gastronomía, sino a lo infinitamente erótica que puede resultar una persona físicamente no atractiva, pero que sin embargo tenga pensamiento crítico, conversación, curiosidad, arte. El cerebro es un arma tremenda, por eso muchos se preocupan de que no se desarrolle lo suficiente.

Volviendo a los tantos misterios del cerebro, confiamos especialmente en uno de ellos: la memoria y los recuerdos. Muchas veces son fiables y reales, y es gracias a ellos que podemos evolucionar, madurar y en definitiva, vivir. Pero ¿cuántas veces hemos afirmado algo basándonos en un recuerdo, con una certeza y un convencimiento absolutos, y luego ha resultado que estábamos equivocados? Mientras hablas ves en tu mente lo que estás diciendo, pondrías la mano en el fuego y no te quemarías (crees), das todo un discurso, mil y un detalles… y de pronto alguien dice algo que manda esa coherencia al garete. Y uno frunce el ceño, y queda pensando.

Dejando de lado las discusiones que puedan crearse por recordar cosas de distinto modo, pienso en mis recuerdos. En los míos propios. En los de cuando era pequeña. O los de la primera vez que me enamoré. No sé por qué tengo tan pocos recuerdos, y los pocos que tengo ni siquiera sé si son reales o los he inventado yo. Es por eso que saco tantas fotos, y guardo muchas cosas. Para tenerlas de recuerdo, porque no deja de ser una forma de intentar no olvidar.

Tengo muy mala memoria, si alguna vez nos cruzamos por la calle y no os reconozco no os enfadéis conmigo.

La desintegración de la persistencia de la memoria. Dalí. 1952.

No sabes como es la gente hasta que no ves las estadísticas de WordPress

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Llevo un par de días poniendo a parir a WordPress, pobre. Pero hoy voy a decir algo a su favor (sí!).

WordPress dispone de un servicio estadístico de las visitas al blog. Algo así como el Google Analytics, pero con la ventaja de que puedes consultarlo desde el mismo escritorio del blog sin tener que entrar en una página aparte.

La verdad es que rara vez consulto las estadísticas, entre otras cosas porque no me acuerdo de que están. Pero hoy me ha dado por mirarlas, y la verdad es que me he reído un rato.

No seré la primera que escriba un post sobre los términos que googlea la gente y por los cuales llegan a nuestro blog. Y es que, realmente, ni CIS ni INE ni nada; lo mejor para ver qué busca, qué le interesa y de qué se preocupa la sociedad actual es recurrir a estos sencillos sistemas de chafardeo. He aquí lo que aparece hoy en mi página estadística de términos googleados:

Analicemos.

Me ha sorprendido el interés que suscita el logo de KFC. Existen cuatro visitas relacionadas con este tema, casi empatando con las visitas relacionadas con el porno, que son cinco [inclúyase rima popular aquí]. Esto le encantaría a Mercedes Milá (que a día de hoy sigue haciendo análisis psicológico y social a través de Gran Hermano). Sexo y pollo frito. Es todo tan… pringoso.
No he incluído en el recuento de las búsquedas relacionadas con el sexo ésa que dice “cojones viejas”. Ésta más bien la incluiría dentro de la categoría Cosas Raras Que Dice La Gente. Cojones viejas. Muy coherente. Pero más coherente aún es la que dice “qué has hecho haber hecho en las vacaciones”. A esta persona no le dejaron muy claro en el colegio lo de sujeto + verbo (con uno basta) + predicado. Pero vamos, que no voy a ser yo la que le diga a la gente como tiene que hablar (o sí). En cualquier caso, esta última búsqueda también podría entrar en la categoría Por Qué Buscas Esas Cosas En Google. Uno le pregunta a sus amigos o familiares qué han hecho en vacaciones, pero ¿es necesario saber qué ha hecho toda la comunidad internauta? La sed de conocimiento no tiene límites.

Otros se preguntan por qué tenemos menos tiempo libre (pues si no lo sabes tú…), y otros lo afirman: cada vez tenemos menos tiempo libre. Cuando te quedes sin trabajo vas a ver cuantas cosas se pueden hacer.

En fin, no dejen de visitar estas aplicaciones, resulta de lo más entretenido.