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La gallega

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Hay que ver lo que da de sí una española en una tienda de pueblo en Argentina (en realidad esto es una ciudad, pero a efectos del comportamiento de la gente y vida social, es un pueblo).

¡Hola, Cataluñaaaa!, me grita uno de los habituales cada vez que entra por la puerta. Aunque la mayoría de los que me tiene confianza me llama gallega. “Gallega, ¿hiciste tal cosa?”, “Gallega, decime el precio de esto”.
Otra de las habituales entra diciendo ¡Hola, majaaaa! Pues cómo estááás?, con acento maño.
Contrariamente a lo que se pueda pensar, cuando nos imitan a los españoles nos imitan con acento maño, más que con acento gallego; además de convertir las eses en una especie de sh suave. Obviamente fuerzan el sonido de la i de una manera muy antinatural y graciosa. Mi compañero de trabajo, para rematar, le mete el “pues” y el “hombre” a todo. Como resultado de semejante combinación quedan frases como: “Puesh dame esho que ia lo ievo io, hombre!”, “puesh shi quieresh desaiunamosh unash medialunash, hombre!”, etcétera.

Como anécdota, recuerdo una vez que entró un cliente y al percatarse de mi acento me dijo, así de sopetón: ¿Podrías decir “siga recto y doble a la derecha”?. Y yo, como una gilipollas: “siga recto y doble a la derecha”. Se me rió y me dijo que era muy graciosa, que parecía un GPS (porque aquí los GPS van con acento español peninsular), y se fue.

Mi compañero de trabajo va más allá y me dice que trabajar conmigo es como estar en una peli porno. No por nada sexual que yo pueda hacerle (entre sus gustos sexuales las mujeres no tenemos nada que hacer), sino porque por lo visto es habitual que cuando se descarga alguna pelicula de temática erótica, ésta sea en español. Me ha sugerido que si me visita algun amigo español y gay, le dé su número de teléfono porque le encantaría que alguien le dijera cosas obscenas con tan pintoresco acento (no voy a reproducir aquí las frases que le gustaría que le dijeran por ser excesivamente guarronas).

En definitiva, me estoy planteando pedirles un aumento de sueldo. Tienen vendedora y atracción turística al precio de una, y encima se lo pasan bien a mi costa. Soy un chollo.

Besando el suelo de la tierra que me vio llegar

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El otro día me caí.

Era de noche, pero no voy a echarle la culpa ni a ella ni a la escasa iluminación existente en el momento en que me fui al suelo, porque todos sabemos que si hubiera habido luz me habría caído igualmente.
En mi defensa diré que ese día estaba muy cansada y tenía sueño, lo cual no ayudó. Resumiendo: torpe + oscuridad + sueño = porrazo asegurado.

Los hechos se sucedieron así. Volvía para mi casa caminando tan tranquilamente. Era medianoche y no había mucha gente merodeando, lo cual agradecería más tarde. En esto que, así sin venir a cuento (porque no recuerdo haberme tropezado con nada), se me dobla el tobillo y mi metro sesenta y cuatro se estampa contra el suelo.
Tengo que aclarar que en el lugar en el que vivo no están todas las calles asfaltadas. En el centro las carreteras sí lo están, pero las aceras son bastante irregulares, y algunas de ellas son de tierra o ripio. Yo me caí en una de ésas. En cuanto me fui al suelo me levanté tan rápidamente (en plan “aquí no ha pasado nada”) que ni miré si me había hecho daño, aunque me dolía todo; y me fui derechita para casa, bien erguida.
Cuando llegué me inspeccioné. En la rodilla derecha, mis leggins tenían un boquete tan grande como una pelota de golf. Cuando me los saqué y me vi la pierna, entendí porque me dolía tanto. Además, en la palma de mi mano izquierda una china me había hecho un agujerito justo donde nace una de las líneas de la mano (un dolor que ni te cuento) y se me había llenado de tierra.

Así que, después de mirar y requetemirar las heridas (hacía tanto tiempo que no me dañaba así que hasta me puse morbosa), le eché un par y me las lavé con agua y jabón lo mejor que pude, me tomé un paracetamol (me había dado la risa floja, me pasa a veces cuando me duelen mucho las piernas) y me fui a la cama. Tuve que dormir con la pierna fuera porque no podía soportar que la sábana me rozara siquiera. Hasta el tercer día no pude usar tejanos.

Puedo asegurar que las fotos no le hacen justicia. En directo era hasta bonita la combinación de colores: rojo, burdeos, morado, berenjena, marrón... muy otoñal.

Puedo asegurar que las fotos no le hacen justicia. En directo era hasta bonita la combinación de colores: rojo, burdeos, morado, berenjena, marrón… muy otoñal.

Hoy, tras una semana, aun tengo costrita. Y es que menudo hostión.

Pasión modo Converse

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Era una fiesta en la calle, como una especie de Carnaval. Yo bailaba al son de la música. Llevaba puesta una camisa blanca entallada, unos pantys negros, zapatos de tacón y una especie de miriñaque corto y abierto por delante, recubierto de plumas negras, suaves y bamboleantes.  Bailaba porque sabía que alguien debía estar mirándome, y eso era precisamente lo que me provocaba más ganas de bailar.
Yo, por mi parte, mientras movía las plumas de derecha a izquierda; le había visto, a él, a lo lejos. No le había dicho nada. Sólo bailaba y le miraba.

Al rato, entré a casa de mi abuela, me metí en la habitación y me miré al espejo de cuerpo entero que colgaba de la pared. Entonces apareció él detrás mío, y se pegó a mi cuerpo. Le veía por el reflejo mientras él me agarraba de la cadera con gesto firme, y se apretaba contra mí, acercándose, y mirándome a los ojos a través del espejo.
– No puedo, Emilio, tengo pareja – le dije con voz temblorosa y susurrante.
Pero entonces él empezó a besarme el cuello y yo sabía que estaba perdida.

En ese momento, Ratman tira de la cisterna y me despierto. Manda cojones: he tenido un sueño erótico con Emilio Aragón.

Peco-chiste

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Va un irlandés muy pelirrojo a la iglesia para confesarse. Le dice el cura:

– ¿Pecas, hijo?
– Hasta en la polla, padre.