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Archivo mensual: agosto 2016

La guirnalda de luces de colores que encendió todo

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Un día, después de mucho tiempo y sin planearlo, volvió a encender la guirnalda de luces de colores que compró hacía un par de años, la que puso para (mínimamente) decorar en Navidad el mini apartamentito donde vivía,  y dónde no cabía un alfiler. Nunca más la sacó.

Ese día, un martes previo a un día de fiesta laboral (sus días de fiesta siempre eran entre semana), se compró un vino (estaba aprendiendo a degustarlos, sin recomendaciones, sin guías… compraba, degustaba y decidía si los ponía en su lista de vinos para repetir), encendió las luces de colores y se puso música. Casi nunca se sentaba a escuchar música porque sí.
Se servía el vino en la copa en pequeñas dosis. Le gustaba más así, sirviéndose un cuarto de copa cada vez.

En un momento, a propósito de otra cosa, ecordó el anillo de su abuela, el que había forjado ella hacía décadas, cuando era joven y trabajaba en una joyería de Córdoba. Lo fue a buscar y se lo puso en el anular izquierdo. Mientras veía que le bailaba un poco pensaba en si ese anillo estaba hecho a la medida del anular de su abuela. Deducía que seguramente sí. Y mientras lo seguía mirando, bajo la perspectiva del vino, pensaba en que ese anillo perfecto, al que no le faltaba ni una piedrecita, el que no presentaba ni un arañazo, ni una imperfección a través de los años; ese anillo, era asimétrico. Descubrió la asimetría en una bolita pequeñita y dorada, que presentaba el anillo en uno de los dos lados, que a primera vista parecían ser perfectamente simétricos. Y pensó en que había algunas cosas que aparentaban ser eso, perfectamente simétricas, pero que finalmente siempre había algo que las desviaba hacia uno de los dos lados. Encontró en ese anillo una metáfora estupenda de la vida.

Y recordó, también, la conversación hacía unas semanas con su tía, que aseguraba que abuela (la forjadora del anillo) y nieta (la portadora del mismo en ese preciso momento) tenían el mismo perfil (frente, nariz, boca). Y recordaba la foto que su tía le había mandado de un cuadro que alguien pintó de su abuela cuando era joven. Y recordaba que cuando vio esa foto en la pantalla de su celular (desde hacía algunos años era celular, y no móvil) se dio cuenta de que era cierto, el perfil de ambas era casi idéntico. Y miraba el perfil de su abuela, y miraba el anillo, y pensaba que, con todos los defectos que su abuela hubiera podido haber tenido, fue una persona mágica.

Y pensó que hacía mucho que no escribía. Y escribió mientras el anillo de su abuela le bailaba en el anular izquierdo.

 

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