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El viaje III. La despedida.

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Por mucho que uno se mentalice, por mucho que intente estar preparado psicológicamente para el momento de la despedida, siempre es peor de lo que se puede llegar a imaginar. Es algo equiparable a sentirse enamorado, imagino que también equiparable a ser madre o padre. Son sentimientos tan fuertes, tanto, que sólo puede llegar a entenderlo del todo quien lo ha vivido.

No olvidaré jamás la cara de mi abuela, ni la de mi padre. Jamás les había visto tanto parecido físico como aquel martes 13 de Noviembre. Eran exactamente las mismas caras, las mismas expresiones. Expresiones que, por otro lado, yo no les había visto jamás.

Imagino que suele pasarlo peor el que se queda que el que se va. Pero, aunque ver tan tristes a los que se quedan sea señal de que a uno lo quieren, y eso sea bonito, duele. No volvería a pasar por ese momento ni por todo el oro del mundo. Así que lo primero que hice en cuanto tuve localizada la puerta de embarque fue mandarle un mensaje a Ratman diciéndole que el vuelo salía con retraso, pero que salía. No podía olvidar que, a doce mil quilómetros de distancia, también había una persona que me quería y a la que hacía dos meses que no veía.

Mientras anunciaban por megafonía que ya podíamos embarcar y los pasajeros hacían cola para entrar en el avión, pensé en que necesitaba algo para el viaje. Fui corriendo a un quiosco que había unos metros más allá y me compré El Jueves. 

Con el último Jueves que leería en mucho tiempo, una maleta de mano que sabía que no entraría en el portaequipajes y la sensación de estar yéndome de vacaciones más que de estar volando hacia el cambio más brutal de mi vida; me subí a un avión que, doce horas más tarde, me dejaría en el Aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires, Argentina.

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Acerca de pecosa

En mi familia tengo fama de borde. No te jode, como si fuera la única. Torpe, surrealista, despistada, cabezona. Eso no lo dicen ellos, lo digo yo. Tengo pecas aunque en la foto de perfil no se aprecien, pero es que la foto me quedó guapa de cojones, así que a la mierda si las pecas no se ven. Me pasé de Blogger a Wordpress en busca de emociones fuertes (me encanta vivir al límite). Me encontré con un escritorio que no entendía y que estaba mitad en inglés, mitad en español. Puse la primera plantilla que me pareció sencilla, manejable y maja y me monté una cabecera con el GIMP. El resultado es el que ves. No me pidas más.

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  1. Las despedidas son terribles amiga mia,las odio de verdads.Por eso los aeropuertos me dan un poco de grima…aunque tambien sean un lugar de reencuentro
    Entiendo perfectamente tu amalgama de sensaciones
    Precisamente te iba a preguntar por tu abuela…una de mis superheroinas favoritas
    Un beso muy grande desde este lado del charco….y si necestas un “Jueves” te lo envio por correo

    Responder
    • Los aeropuertos me parecían un lugar maravilloso, llenos de historias, aventuras, viajes llenos de ilusión, de emoción. Nunca me había planteado que, entre las paredes de un aeropuerto, también hay mucho dolor. No por eso los aeropuertos me parecen menos maravillosos, sino que ahora los veo desde una perspectiva mucho más amplia.

      Mi abuela está bien, nos hemos visto por skype. Es la más fuerte de todos. Cuando se despidió de mí me dijo: si vas a volver para decirme que te ha ido mal, no vuelvas.

      Un beso, Juanjo.

      Responder
  2. sigo sintiendo la despresurización del estómago cada vez que leo que te marchas. que te fuiste. quedarse es peor, pero irse no es fácil. quedarse acompañado e irse pero no estar solo compensa, pero sólo un poco.
    un abrazo, pecas.

    Responder
    • entonces no hablaré más del viaje, sino del día a día. como siempre. como si no me hubiera ido (tan) lejos.

      un abrazo, tete, de esos cuyo crujido se escucha a pesar de tener un océano de por medio.

      Responder
      • habla de lo que sientas, pecas. yo he hecho 😉
        además, quiero saberlo. el día a día de una toxicómana de la sobrasada con el mono, y la epopeya de una emigrante. tú tot tothom…

        una brazo de pies colgando, a doce horas de avión.

  3. Eres la única que se embarca un martes con un Jueves :p

    Me ha emocionado la frase de tu abuela. Lo que deseará esa mujer tu bien, madre mía.
    Bueno, por aquí quedamos tus incondicionales emparraos, ya lo sabes, a la espera de impresiones, noticias, aventuras y desventuras, chascarrillos y todo lo que te pase por la cabeza.

    ¿Te vas haciendo ya a toodo lo nuevo?

    Un abrazo

    PD. ¿Ashá eres tan torpe también o ya te has curado? ¿Sigues con el diario de tus torpezas? 😀

    Responder
    • Imagina cómo me quedé yo cuando me dijo eso. Está mal que yo lo diga, pero mi abuela es lo más.

      Me voy haciendo, me voy haciendo. Ahora me iba a poner con una entrada así os cuento cosas.
      Un vesote, JuanRa.

      PD: hay cosas que no cambian, por mucho que uno se mude de continente. Me he tropezado unas cuantas veces en la calle, aunque aún no he besado el suelo (todo se andará). Aún no he roto nada, pero tiempo al tiempo.

      Responder
  4. “Cuando se despidió de mí me dijo: si vas a volver para decirme que te ha ido mal, no vuelvas”
    Y así, Pecas, es como seguimos siendo fanes absolutos de esa mujer.

    Yo creo que aún estaría llorando de pena y alegría a partes iguales… madre mia que cocktel de sentimientos, así sí se hace un buen mojito, oye.

    Responder
    • Yo me visualicé despidiendome de ti, cuando leí la primera entrada y ya me puse a llorar. Soy una absurda llorona xD
      Pero si, es señal de lo mucho que te queremos por aquí, por muy desaparecidos que estemos algunos.

      Responder
      • Eres una monada, H@n… Yo también os quiero mucho, son tantos años con vosotros…
        Yo soy igual de llorona, pero reconozco que ahora intento no hacerlo, no llorar demasiado, digo. Los primeros días, las dos o tres primeras semanas, me costaba mucho dominarlo, lo cual creo que es normal porque los sentimientos estaban a flor de piel. Pero tengo que pensar en mí, en lo que quiero hacer de mi vida de ahora en adelante, y a veces caer en el llanto no deja pensar. Así que intento no dramatizar en exceso, todo y que extraño a la gente que he dejado allí, evidentemente. Por suerte puedo mantener contacto a menudo con ellos, y eso es un buen mitigador de la tristeza.

        Me da igual que desaparezcas un tiempo… siempre que vuelvas.

¡Opine! ¡No se corte!

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