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Archivo mensual: diciembre 2012

31 de Diciembre

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Los 31 de Diciembre siempre me emocionan. Es el último día del año, y en él se mezcla todo lo malo y lo bueno, el pasado y el futuro. Para mí es un día con mucha mezcla de cosas.

Este año han pesado muchas cosas malas, ha sido un año muy duro en casi todos los aspectos, por no decir en todos. Pero por suerte lo finalizo bien. Lo finalizo en un lugar nuevo y precioso, de postal, rodeada de gente alegre. Lo finalizo lejos de mi familia, lo cual es duro, pero sintiéndolos muy cerca. Lo finalizo pensando en todo lo que hemos pasado, y en todo lo que nos queda por venir. Imagino que como muchos de vosotros.

 

No quería dejar pasar el día sin agradecer a todos que sigáis conmigo, que me regaléis vuestra compañía un año más. Son casi cinco años en total escribiendo, a veces mejor, otras peor: pero siempre con vosotros.  Mis amigos, mis compañeros de la blogosfera.
Gracias a los que me han animado a seguir cuando desaparecía durante algún tiempo, gracias a los que me habéis apoyado con este cambio tan grande de mi vida. Os deseo salud y felicidad, que le deis una patada en el culo a este 2012 y que el 2013 os traiga (nos traiga, permitidme que me incluya) lo que nos merecemos.

Feliz 2013 a todos, os quiero.

Entrada 2 en 1: Mmmmpanqueques! + Gracias, Nala!

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Hoy va una entrada que vale por dos. Con los tiempos que corren, os podéis dar con un canto en los dientes 😉

Para empezar, lo prometido es deuda (JuanRa, ponte el babero): ayer, merendé panqueques.
No sé porque no los había hecho antes, es facilísimo y están de muerte. Recuerdo haber hecho crepes hace algunos años, pero desde entonces sólo los había comido en un restaurante (un buffet libre que hay en Barcelona donde la relación calidad-precio es bastante buena y tienen de todo).

Así que el otro día dije basta y me puse manos a la obra.

Como sólo iba a hacer para mí, usé:toda la parafernalia

  • 1 huevo
  • 1/4 vaso de leche (¿os habéis fijado en que viene envasada en bolsas? ¡Me recuerda a cuando era pequeña!)
  • 1/4 vaso harina (la 0000 es más fina, pero yo no me di cuenta y compré la 000)
  • 1 cucharada azúcar
  • mantequilla
  • e-vi-den-te-men-te e in-dis-pen-sa-ble-men-te, dulce de leche

Con esas cantidades, a mí me salieron dos panqueques (quizá tres si los queréis hacer más finos).
Bueno, el tema es así:

Yo primero batí el huevo, y luego le agregué la leche, mezclándolo bien.tamizando harinabate que bate que bate el chocolate
Después, con ayuda de un colador, tamicé la harina. Si tenéis batidora con varillas evidentemente el trabajo es mucho más rápido. Y a los que no, haciéndolo así como os digo, con el colador, queda perfecta.

sin grumooooosendulzando un pelín el tema

Luego sólo queda añadirle el azúcar.

Pasamos a la sartén.
de aquí a un rato, esto será un panquequeEn base al tamaño de la sartén (lo ideal es una sartén medianita, tirando a pequeña) y a lo que le guste a cada uno, echaremos más o menos cantidad de mezcla. Yo le puse un poco menos de un cazo.

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Se pone a fuego medio-fuerte, se le echa un cacho de mantequilla y a medida que se derrite movemos la sartén para que se impregne toda la superficie. Una vez derretida, vertemos la mezcla de manera uniforme.

Y ahora ya viene el arte que tenga cada uno. Yo he visto muchas veces hacer panqueques (a los del
cara B
cara Arestaurante que os decía antes) y el tipo movía la sartén haciendo círculos para que no se pegue, luego hacía ¡hop! a lo Arguiñano y le daba la vuelta al aire para que se hiciera por el otro lado. Yo hice lo mismo, no es difícil (os lo dice una torpe), y es divertido.

como si fuera una tortillababas all the time la primera cucharada, a la boca; la segunda, al panquequeCuando ya lo tengo casi hecho le pongo el dulce de leche mientras aún está al fuego, así se deshace un poco. Lo enrollo con la paleta y al plato.

¡Tacháááán!

al ataqueeee

Atención a las posibles variantes y versiones mejoradas. Yo me los comí, como dicen por estos lares, así nomás; pero lo suyo es echarle cosas encima. A mí me encanta la nata montada, y con helado de vainilla también queda muy rico. Pero sin duda, como más me gustan son flambeados. Mientras están en la sartén se les echa ron y azúcar, de manera que hace llama. El alcohol se quema y queda el sabor del ron mezclado con el azucar que se ha caramelizado. Ni te cuento lo que es eso.

Bueno, ahora os dejo unos minutos para que vayáis a por el bote de Nocilla para saciar la gula que os acaba de entrar, o pilléis un cacho de turrón, ¡o vayáis a haceros unos panqueques!

¿Ya? Perfecto. Barriga llena, corazón contento, que decía una que no viene al caso.

En segundo lugar, quería agradecer a Nalataia el premio que me ha mandado desde su blog, lo he recibido con mucho cariño. Siempre agrada saber que las cosas que uno escribe, por simples que sean, gustan.
Recibir el premio supone hacer una serie de cosas. No soy muy dada a hacer cadenas, pero considero justo contestar al menos a las preguntas que Nala realizaba a aquellos que recibían el premio. Qué menos.

Bueno Nala, ahí van:

1. No puc anar a dormir si no… / No puedo meterme en la cama si antes… no me quito la ropa. Me molesta para dormir, como mucho me pongo una camiseta si hace frío.
Bueno, y sin hacer pis.
2. Explica’m amb qui vas i… / Dime con quién vas y… quizá dejes de interesarme. Con los años me he vuelto más respetuosa en cuanto a que cada uno haga y piense lo que quiera, pero si no va un poco en sintonía conmigo , no me dan ganas de conocer profundamente a esa persona. Por ejemplo, no podría ser amiga íntima de un sexista, o de un racista, o de un fascista, o de una persona que sólo piense en divertirse y no tenga conciencia social. Mantengo las formas, pero no me pidas más. (No sé si ésa era la respuesta que debía dar, si es incorrecta, haz ¡meeec!)
3. Desig d’any nou? / ¿Deseo de Año Nuevo? Siempre pido por la salud, porque sin ella no tiene sentido nada. Pero este año voy a permitirme pedir que les corten la cabeza a todos los hijos de puta que siguen chupando del bote a costa de las personas que lo único que pretenden es vivir tranquilas. Y que la gente la líe parda de una santa vez, joder. Por desgracia tiene que ser así.
4. Dolç preferit / Dulce favorito: ¡El tiramisú! (¡A ver si un día me lanzo y hago uno, también! Madre mía, estoy que no paro. ¡A engordaaar! Jajajja)
5. Quina illa et compraries? / ¿Qué isla te comprarias? Menorca, sin duda, porque la conozco y me encantó. Pero una de ésas del Pacífico me viene bien, también.
6. Déu o Deesa preferit / Dios o Diosa favorito: Tutatis, dios del pueblecito galo de Astérix y Obélix.
7. Castells de sorra o túnels? / ¿Castillos de arena o  túneles? Yo era de hacer túneles en la playa, cavaba pozos hasta que salía agua.
8. Personatge històric a qui li plantaries una bona bufa a la cara / Personaje histórico al cual le darías una buena bofetada: a Franco. Menudo cabrón. Aunque una bofetada se queda cortísima.
9. Última lectura. Dioses Menores, de Terry Pratchett. Hace un montón que no leo, por cierto…
10. El teu moment troll de l’any / Tu momento troll del año. ¿Qué es un momento troll? ^^’
11. Recomana un bloc / Recomienda un blog. Bueno, he leído en tu blog que te gusta mucho la lectura. Uno de mis blogs favoritos es Cotidiano Apocalipsis, mini-historias que ni imaginarías. Mejor que no te diga nada y le eches un vistazo. Creo que te gustará.

Pasión modo Converse

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Era una fiesta en la calle, como una especie de Carnaval. Yo bailaba al son de la música. Llevaba puesta una camisa blanca entallada, unos pantys negros, zapatos de tacón y una especie de miriñaque corto y abierto por delante, recubierto de plumas negras, suaves y bamboleantes.  Bailaba porque sabía que alguien debía estar mirándome, y eso era precisamente lo que me provocaba más ganas de bailar.
Yo, por mi parte, mientras movía las plumas de derecha a izquierda; le había visto, a él, a lo lejos. No le había dicho nada. Sólo bailaba y le miraba.

Al rato, entré a casa de mi abuela, me metí en la habitación y me miré al espejo de cuerpo entero que colgaba de la pared. Entonces apareció él detrás mío, y se pegó a mi cuerpo. Le veía por el reflejo mientras él me agarraba de la cadera con gesto firme, y se apretaba contra mí, acercándose, y mirándome a los ojos a través del espejo.
– No puedo, Emilio, tengo pareja – le dije con voz temblorosa y susurrante.
Pero entonces él empezó a besarme el cuello y yo sabía que estaba perdida.

En ese momento, Ratman tira de la cisterna y me despierto. Manda cojones: he tenido un sueño erótico con Emilio Aragón.

El mate (II). Lo que significa.

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Tenía escrita una segunda parte dedicada al mate explicando sus beneficios, pero después de decirme Nalataia en el post anterior que puede ser cancerígeno, no sé si tiene demasiado sentido, jajaja

Así que voy a ir al aspecto más emocional y romántico del mate. Me ha venido a la cabeza la película Requiem for a Dream, en la que los dos se ponen hasta las cejas de cosas que les hacen daño, pero lo hacen para estar unidos y porque se quieren… Bueno, pues algo así.

En fin, que encontré este texto que explica perfectamente la razón de existir del mate, una bebida que no está rica y que por lo visto puede producir cáncer (¡menuda joya!). Pero qué narices, todos la compartimos por estas tierras para sentirnos unidos y en armonía. Total, el mundo debía acabar hoy y no lo ha hecho, así que celebrémoslo tomando mate, ché.

“El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. Una simple infusión, con sabor inconfundible que, incluso, si uno lo degusta seriamente, encuentra que no es rico. Tampoco feo: es sólo mate. 

En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate provoca exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien y te hace pensar cuando estás solo. 
Cuando llega alguien a tu casa, la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”. Esto pasa en todos los hogares, ya sean ricos o pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan*. 

(*en España, la expresión drogarse tiene una connotación fuerte. En Argentina, puede usarse para hacer referencia al simple hecho de fumarse un canuto, por ejemplo)

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos. Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón… 
Cuando conocés a alguien, lo invitás a compartir unos mates. 
La gente pregunta, cuando no hay confianza: “¿dulce o amargo?”. El otro responde: “como tomes vos”. 

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. 
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. 
La yerba no se le niega a nadie. 

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. 
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. 
No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.

Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez unos mates solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones. 
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores… 

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores: 
– Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla está buena; la charla, no el mate.  
– Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar; vos hablas y yo tomo y viceversa. 
– Es la sinceridad para decir: “bien, basta, cambiá la yerba! “
– Es el compañerismo hecho momento. 
– Es la sensibilidad del agua hirviendo. 
– Es el cariño para preguntar, estúpidamente: “está caliente ¿no? “
– Es la modestia de quién ceba mejor mate. 
– Es la generosidad de dar hasta el final. 
– Es la hospitalidad de la invitación, ya sea la alfombra de tela o de pasto. 
– Es la justicia de uno por uno. 
– Es la obligación de decir gracias, al menos una vez al día. 
– Es la actitud ética, franca, leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir un mate que, querido amigo, ahora sabes, no es sólo un mate…”

El mate (I). Lo que es.

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Encontrándome donde me encuentro, no puedo omitir hablar de algo que forma parte de la vida cotidiana del 99% de los argentinos: el mate. Y digo 99% porque me he encontrado con algún argentino que no toma mate habitualmente, incluso que no lo toma porque no le gusta. Pero para la gran mayoría, el mate es algo imprescindible.
Imagino que muchos ya lo conoceréis, porque además es fácil de encontrar en España. Pero todo y eso, me gustaría dedicarle una entrada y acercaros a algo tan típico del país en el que vivo ahora. Porque, además, tomar mate es más de lo que parece a simple vista.

el kitEl mate es una bebida típica de Argentina, aunque también se consume mucho en Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, según he podido leer por ahí. Se prepara con yerba mate, que es el nombre de la especie arbórea con la que se produce. Vendría a ser como una infusión de sabor amargo, quizá algo fuerte la primera vez que se toma; por eso hay gente que lo toma dulce, con azúcar. Yo prefiero tomarlo amargo, aunque le pongo un pelín de azúcar al principio para suavizarlo un poco (sino me da acidez, jajaja).

Pero, a pesar de que no lo parezca a simple vista, tomar mate es todo un ritual, tanto a la hora de prepararlo como de servirlo.

La preparación

Preparar mate no es difícil, pero tiene su proceso. Para ello necesitamos:

  • Un mate: esto es, el recipiente. Puede ser de calabaza (el más habitual), de madera, metálico, de cerámica… mi mateEl mío es de madera y tiene mi nombre inscrito. En caso de no tener mate, valdría una taza, por ejemplo.
  • Una bombilla: la bombilla vendría a ser una pajita metálica por donde se sorbe el mate.mi bombilla-cascabel En el extremo final de la bombilla se encuentra un bulbo con agujeritos, o en mi caso, una especie de espiral (similar a la cola de una serpiente cascabel) que hace de filto: deja entrar el agua pero no la yerba.
  • Una pava: así llaman a la tetera para calentar el agua. Yo como no tengo (“¿¿no tenés pava??”, me dijo sorprendida una amiga el otro día, “ya sé qué regalarte para Navidad”, acabó diciendo), caliento el agua en un cazo y luego la paso a un termo para que no se enfríe.
  • Y evidentemente, la yerba mate.
  • (Opcional: azúcar).

Para preparar mate, el tema es el siguiente:

  1. Debemos cargar las 2/3 partes del mate con yerba.mate cargado
  2. cargando el mateVolteamos el mate sobre la palma de nuestra mano y lo agitamos un poco. voltear y agitar suavementeEsta operación es para que la yerba más fina (en polvo) quede en la superficie y los cortes más gruesos queden al fondo.
  3. Le damos la vuelta al mate poniéndolo en posición normal muy lentamente, teniendo cuidado que la yerba haya quedado inclinada hacia un costado del mate.
  4. Vertemos agua tibia sobre la parte más vacía del mate (esto se hace para que la yerba no se queme al echarle después agua caliente). vertiendo aguaDejamos absorber un par de minutos y repetimos la operación con el agua caliente. Nuevamente se la deja absorber.
  5. Este es el momento en que se debe introducir la bombilla hasta el fondo en el mismo lado casi vacío, tapando con el pulgar la boquilla para que no entre aire y se tape.introduccón de la bombilla

A partir de este momento que se comienza a cebar (cebar significa servir, echarle el agua) el mate con agua caliente pero nunca hirviendo (he leído que a unos 80º, pero yo no la caliento demasiado porque me quemo enseguida  ^^’ ). Si se tiene cuidado y se vuelca el agua en forma de un chorrito fino, la yerba del lado contrario quedará seca por un buen tiempo. El buen cebador (el cebador es quien sirve el mate, siempre es la misma persona) va corriendo el lugar donde echa el chorro de agua y comienza a mojar la parte seca de la yerba para ir incorporándola lentamente. De esta forma prolonga el sabor de la mateada de manera equilibrada.

A medida que comienzan a aparecer los palitos de yerba flotando (habían quedado en la parte de abajo del mate cuando lo hemos sacudido) significa que el mate está lavado, esto es, que ya ha perdido casi todo el sabor. El buen cebador reemplaza parte de la yerba para seguir mateando (y conversando, algo que a los argentinos también les encanta).
Para aquellos que quieran tomar el mate dulce, basta con ir agregando azúcar de vez en cuando.

El tomar mate se ha convertido en un hábito social que se realiza muchas veces en conjunto. Es decir que varias personas comparten el mismo mate, llenándolo completamente para cada bebedor, donde uno de ellos oficia de cebador. Este cebador es el encargado de llenar el mate y, a modo de ronda, pasarlo al siguiente bebedor. Por lo que pude leer una vez, la ronda de mates la empieza el cebador, y luego sigue hacia la derecha. El mate debe entregarse siempre con la bombilla mirando hacia la persona que lo va a tomar. Y es importante no colgarse con el mate en la mano, porque seguramente salte alguno diciendo “dale, boludo, largá el mate!”.

Si bien puede gustar más o menos su sabor, a mí lo que más me gusta de tomar mate es la compañía que te hace si lo tomas solo (como ahora mismo, que me acompaña mientras escribo estas líneas), y la sociabilidad y buenrollismo que produce tomarlo en compañía. Os lo recomiendo a todos.

a matear!

Con las manos en la masa

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Una de las cosas a las que me he aficionado en estos dos años de inactividad laboral ha sido a la cocina. Fue algo no meditado, que se fue dando poco a poco. Recuerdo que me di cuenta un día que iba al mercado del barrio a comprar algunas verduras. Descubrí que era algo que me gustaba hacer: ir a comprar y pensar en qué hacer para comer o cenar. Quién lo diría, con la pereza que me ha dado siempre.

Cambia mucho cocinar cuando uno tiene tiempo y ánimo. Y lo bueno es que no hace falta tener mucho dinero para cocinar cosas ricas. Así que mataba las horas buscando recetas por internet y poniéndolas en práctica. Recuerdo que encontré una receta de albóndigas que superaba con creces la que yo había hecho siempre, y que ahora se ha convertido en uno de mis platos favoritos.

Ahora, aquí, sigo teniendo mucho tiempo libre, ya que no trabajo todavía. Así que sigo en la línea que traía: entretenerme en la cocina. Una cosa que tenía ganas de intentar hacer son las típicas empanadas de carne argentinas. Las he probado en alguna ocasión y me parecen deliciosas. Además no son difíciles de hacer, pero sí es entretenido (hice unas 20 y acabé hasta el mismísimo moño, entre otras cosas porque ya tenía hambre y cuando tengo hambre no veo otra cosa). Así que para la próxima ya sé que debo tomármelo con más tiempo y calma.

Para las empanadas compré medio quilo de carne picada (aquí venden dos tipos de carne picada: la común y la especial, que es un poco más cara pero más rica y menos grasienta; siendo esta última la que compré).

el sofrito

el sofrito

El sofrito lo hice con cebolla, cebolla de verdeo (vendría a ser como la cebolleta fresca), ajo, pimiento (en la receta original no salía, pero tenía medio pimiento que se me estaba poniendo malo -por cierto, al pimiento le llaman “morrón”, ya sea rojo o verde-) y luego le agregué una patata rallada para que hiciera bulto (tampoco estaba en la receta original, pero me daba miedo quedarme corta con el relleno, cosa que no pasó).

condimentos

condimentos

Mientras se sofreían las verduras, herví tres huevos que luego corté a trocitos. También corté a aros algunas aceitunas.

Agregué la carne al sofrito y lo aderecé todo con los siguientes condimentos: sal, pimienta, ají molido (es un poco picante), comino y pimentón. Todo bastante a ojo (le echaba, y lo probaba, le echaba más si era necesario, y lo volvía a probar… así hasta que me pareció que estaba rico). El resultado fue un relleno bastante jugosón.

¡qué timo!

¡qué timo!

el relleno al chup chup

el relleno al chup chup

Luego venía la parte delicada: montar las empanadas. La primera sorpresa me la llevé cuando abrí el paquete de tapas y vi que algo fallaba. En el paquete decía “12 tapas”, pero en realidad, ¡había diez! ¡Ladrones! Un amigo argentino me dijo, entre risas: “¡vete acostumbrando!”. Como veía que tenía relleno para dar y regalar y encima me faltaban dos tapas, decidí ir a comprar un paquete más.

el relleno

el relleno

a 15 minutos de ser devoradas

a 15 minutos de ser devoradas

El caso fue que al final acabé haciendo 22 empanadas (2 paquetes de 12 menos las 2 que me timaron). A lo que, por si fuera poco, le sumamos una pizza napolitana (mozzarella, tomate en rodajas y ajo) y un par de botellas de Imperial (la cerveza más rica que he probado hasta ahora en Argentina).

Ni falta hace que os diga que comimos hasta reventar. Y las empanadas quedaron bastante ricas para haberlas hecho una española. Ratman se llevó un par al trabajo, y su compañera, tras comerse una, le dijo: ya te puedes casar con ella, jajajaj

la cena

la cenariquísimasriquíssssimas

Así que ya estoy pensando en la próxima receta que voy a hacer, que creo que van a ser… ¡PANQUEQUES!

Un mes

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Hoy hace un mes que llegué. Un mes y parece que fue ayer.
Treinta días que han sido muy tranquilos, Ratman ha estado trabajando mucho y no hemos podido hacer demasiado. Pero treinta días dan para observar muchas cosas que, a ojos de una española que no ha salido de Europa en su vida, no dejan de resultar curiosas.

El clima.

En el hemisferio sur estamos a punto de adentrarnos en el verano. En la zona donde yo vivo no hace demasiado calor, pero ha habido días en los que hemos disfrutado de una temperatura, como dicen aquí, ehpectaculaaar. La primera semana hizo un calor alucinante, podíamos ir en manga corta por la calle como si estuviéramos en pleno verano. Pero ya me lo dijeron: no te acostumbres, porque esto no es lo habitual en esta época. Y tenían razón. A la semana siguiente tuve mi primera experiencia con el viento patagónico en toda su esencia. Me despertó a las nueve de la mañana un viento de tres pares de narices que me trajo a la cabeza la famosa escena de El Mago de Oz. Temerosa, pregunté a una amiga: “¿Esto para vosotros es mucho viento, poco viento, o lo normal?”. Me tranquilizó saber que para ellos era mucho, temía que me dijeran que era habitual tener vientos de ochenta y pico quilómetros por hora que arrancaban árboles y vallas. Lo bueno del viento es que al día siguiente el suelo está lleno de piñas. Me hice un centro de mesa la mar de majo.

Respecto a la luz, es increíble. En esta época del año tenemos muchas horas de luz. Esta foto la tomé hace una semana, a las once menos cuarto de la noche.
aún no ha anochecido!
Por lo contrario, en invierno sucede al revés: apenas hay seis o siete horas de luz, creo recordar que me contaron. ¡Es lo que tiene vivir tan al sur!

 

Los bancos.

No los de sentarse, los otros.
Ratman ya me avisó: vas a ver que hay cosas que en Argentina tienen otro ritmo. Una de ellas son los bancos. En mi caso particular, la actividad se desarrolló de la siguiente manera.

El primer día que fui a hacer una gestión, Ratman me recomendó que fuera temprano al banco, cogiera turno (como en la charcutería), me fuera a hacer otras cosas y al rato volviera. A las nueve llegué al banco. Había una sala de espera llena de gente sentada esperando, y otras tantas de pie. Cogí turno y miré la pantalla: 23. Mi turno era el 97. Ah, coño. Me fui a hacer cosas.
Volví a las diez y media. Miro la pantalla. 74. Ah, coño. Me fui a hacer más cosas.
Volví a las once. 83.
Llegué a casa a las doce.

El segundo día que tuve que ir me levanté temprano para estar a las siete y media en la puerta del banco (abre a las ocho). Cuando llegué, me puse a la cola, detrás de treinta personas que ya estaban allí. Me atendieron a las nueve. No estuvo nada mal.

 

La gente.

Por lo general, la gente es muy amable y cálida. Se alegran cuando les cuento (al camarero, al enfermero, a la vendedora) que he venido a vivir aquí, la gente me anima y me dice que voy a estar bien.

Los amigos de Ratman me han recibido con los brazos abiertos. La primera semana me comí un cordero a la parrilla que en mi vida habría imaginado. Jamás me había comido la grasa de la carne hasta ese día. Me relamía los chorretones de los dedos y todo. Desde entonces entiendo porqué en Argentina se come tanta carne, porque está riquísima.

Me gusta lo cercana que es la gente. Fui a una entrevista de trabajo y cuando fui a darle la mano al jefe, me dio un beso. Ratman también me avisó: “vas a ver que la gente es muy cálida, aunque sean ambientes relativamente formales”. Imagino que habrá de todo, evidentemente, pero por suerte la mayoría de personas con las que trato son amables y risueñas.

La risa, las sonrisas. Ahora me doy cuenta de que me había desacostumbrado un poco a ellas…

 

La tranquilidad.

…me doy cuenta porque estoy mucho más tranquila, y más alegre. Necesitaba salir de esa nube gris, de ese ambiente negativo. Puede sonar muy egoísta, muy a “me importa un pimiento que mi país se vaya a la mierda, yo me voy”. Pero necesitaba salir de ahí. Necesitaba salir a pasear y no escuchar a la gente hablar continuamente de dinero, de deudas, de deshaucios, de crisis. Necesitaba ver a la gente reír, ver a la gente feliz. Aquí tengo carencias, tanto materiales como afectivas, pero no las siento tanto. Porque está la gente, con sus vidas, con sus historias cotidianas. En general la gente está tranquila y contenta. No sé si felices, pero están bien. Tienen sus trabajos, sus casas, sus vidas. Siempre va a haber cosas que mejorar, y como decía antes, aquí las cosas llevan otro ritmo. Pero la gente está bien. La gente sonríe.

Es así como debería ser para todos.