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Archivo mensual: septiembre 2012

Huelga

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Los duendes que escondían cosas habían amontonado frente al parlamento toneladas y toneladas de mecheros, gomas de pelo, horquillas, bolígrafos, pendientes desemparejados, calcetines desemparejados, guantes desemparejados, juegos de llaves, cortauñas, fichas de parchís, tapones de botellas, pinzas de madera y papelitos con números de teléfono. Uno de los duendes roció las montañas con gasolina. Otro tiró una cerilla que las hizo arder.

Frente a las barricadas de objetos que durante años habían permanecido desaparecidos, los duendes que escondían cosas sujetaban una pancarta enorme en la que se leía “Contra los recortes, ¡huelga indefinida!”.

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¡Rrrratas!

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Cuando puse los anuncios en internet vendiendo algunas (muchas) de mis cosas, no pensé que me iba a encontrar con tanto devoto de la Virgen del Puño. La gente regatea como si esto fuera Marrakech. Y yo no digo que no esté abierta a negociar precios, pero hay casos que me parecen ya una tomadura de pelo. Aquí van tres.

EL DEL VINILO:

He puesto en venta un vinilo que no me gusta y está prácticamente nuevo. Es una edición especial de dos vinilos más gruesos de lo normal (vamos, que te lanzan un disco al cuello en plan frisbee y te decapitan). Me costó 20€, lo vendo por 10€. Uno va y me dice:
si me lo dejas en algo menos (para compensar la gasolina, vivo fuera de barcelona) me lo quedaría”.
A este punto estamos llegando con la crisis. Vamos a ver, caradura, si vives fuera de Barcelona no es mi problema, coges el coche y te vienes. Y sino te cuelas en el metro o en el tren como hacemos todos y el transporte te sale gratis.

En la primera venta que hice me tuve que ir hasta El Carmelo (un barrio barcelonés que está donde Cristo perdió la alpargata) con dos espejos encima. La tía que me los iba a comprar me dio plantón. Ese día pagué el metro, y no se me habría ocurrido decirle a la compradora que me pagara dos euros de más en concepto de transporte. Así que si el señooor va en coche, que se pague la gasolina él, no te jode. Yo ni siquiera tengo coche.

 

LA DE LA LÁMPARA:

Otra me dice, respecto a una lámpara de pie:
podrías ajustarme un poco el precio? estoy en el paro”. A ver, lista. ¿Por qué crees que estoy vendiendo una lámpara que me costó 30 o 40 euros por 10? ¿Porque me apetece? ¿Por diversión? Me vas a decir a mí que estás en el paro. Yo con el paro no me compro una lámpara de pie para luz ambiental. Son 10 euros y esto va como con las lentejas, si quieres las comes sino las dejas.

 

EL DE LOS DVDs

Puse a la venta 25 películas en DVD por 20€. Un chollito, vamos. Hoy me dice uno que se las queda por 15€. Acepto.
Antes de meterlas en la bolsa, las reviso una por una para ver que estén todas dentro de su caja. Pero Casablanca no estaba. Lo llamo:

– Hola… oye, que estaba revisando las películas y me falta una, Casablanca. ¿Te interesaba mucho ésa? -no sé para qué pregunto.
– Ostras… pues sí, ésa justamente me interesaba mucho… – vaya hombre, qué casualidad.
– Vaya… bueno, si las sigues queriendo…
– Vale, si me dejas las 24 por 14€ me las quedo.

Por suerte no lo tenía delante y no me ha visto la cara. Le querría haber dicho a esa rata inmunda que no sé qué reglas de tres le enseñaron a él en el colegio, pero que si 25 películas valen 15€, 24 películas no valen 14€. Pero como soy una mujer desesperada por sacarse cosas de encima he aceptado.

 

Así va el país.

Objetos perdidos

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Lo último que recordaba era el sonido constante e intenso de un cláxon mientras cruzaba la calle. Luego un golpe seco.

Cuando despertó sabía que estaba muerta. Junto a ella, en el suelo (si es que a aquello se le podía llamar suelo), vio un objeto pequeño. Era el mechero que tanto le había dolido perder hacía veinte años. Miró a su alrededor. No había nubes blancas con aspecto de algodón, ni querubines alados, ni puertas de hierro forjado gigantes flanqueadas por hombres con túnica. Tampoco había olor a azufre, ni llamas eternas, ni hombrecillos con tridentes. No había nada de eso. A su alrededor sólo había montañas y montañas infinitas como el universo de mecheros, pinzas de tender, gomas de pelo, horquillas, calcetines desemparejados, alfileres, llaves de candados.

Pensó que ya podía morir tranquila (si tuviera que morir de nuevo, claro): ya sabía dónde iban a parar todas aquellas cosas que las personas perdían a lo largo de su vida. Y resulta que es allí donde acababan las almas. Las perdidas.

Cajas

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Después de ocho años viviendo en el mismo piso, me he dado cuenta de que las propiedades materiales que he ido acumulando durante todo este tiempo no son más que simples categorías:

  • Cosas que voy a vender
  • Cosas que voy a tirar
  • Cosas que van a quedar en una caja que guardaré en casa de alguien hasta vaya usted a saber cuando.
  • Cosas que voy a llevar conmigo.

Cuando vine a vivir aquí ni siquiera había visto el piso. Cuando entré me gustó: suelo de parqué, salón de tamaño aceptable y muy luminoso, habitaciones de formas extrañas que me parecían muy originales (luego me cagaría en las putas paredes en diagonal, pero eso es otra historia), techos altos… Pero hora, con ocho años más,
veo que el piso realmente era una mierda. Las paredes hacía tiempo que no se pintaban, las ventanas eran de madera, no teníamos gas natural sino butano, la cocina y el baño eran viejos… Pero a mí me parecía perefecto.