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Archivo mensual: agosto 2012

Bienvenido, valiente

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El pasado 10 de Julio fui tía. Por primera vez en mi vida. Mi sobrino (es un niño, me encantan los niños) está a doce mil quilómetros de distancia, pero intentamos que nos sienta (y sentirlo nosotros) lo más cerca posible.
No conozco personalmente a sus padres, ni a sus abuelos, pero sé que los quiero a todos, es extraño de describir. Y a él… cómo no voy a querer a ese bebé de manos largas, mirada penetrante, barbilla chiquita y boquita de piñón.

Hace un par de semanas Luca llegó por fin a casa, donde debe estar, después de un par de sesiones de quirófano y alguna dosis de incubadora. Dice su madre que es un niño muy fuerte. Ella también lo es.

A Luca le gusta hablar de cosas serias. El otro día le decíamos chiquititocositahermosañiñiñí por videollamada y se puso a llorar. Entonces Ratman le preguntó qué pensaba sobre la limitación en la compra de dólares en Argentina. Eeem… a ver, Luca, ¿qué pensás vos sobre la limitación en la compra de dólares en la Argentina? Y Luca se calló, mirando fijamente a la pantalla. Como decían en Friends, de repente ya me lo imagino en la universidad.

100 metros vallas

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Una barrera puede ser un muro que separa en dos una ciudad. Puede ser un detector de metales. Puede ser la lluvia, el sol, el viento o la carencia de él. Una enfermedad.

Una diferencia puede ser una barrera. Una persona puede ser una barrera. La incomunicación puede ser una barrera. Una persona con la que tienes una diferencia y con la que no te puedes comunicar es… muy complicado.

Quisiera saber dónde tiene su origen la incapacidad de dialogar que tienen algunas personas. Si el origen está en la autoestima, en la soberbia, en un trauma infantil, en la envidia. Quisiera saber qué debo hacer para colaborar, para ayudar a que esa persona hable conmigo sin sentir que la ataco. Quisiera saber cómo controlar mis nervios, cómo ser más diplomática.

Si hay una barrera que puede acabar con todo (con mi paciencia lo primero) es la incapacidad de poder sentarse a hablar con alguien que piense distinto.

Sala de espera

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“Desde el 2009 ya no prestamos servicios 24 horas. Para urgencias, diríjanse a Tal Sitio“, decía un cartel en la puerta. Ya no tenemos Urgencias en el barrio.

 

Paramos un taxi. Subimos. Llegamos. En la fachada del centro de salud, una pancarta enorme nos da la bienvenida: “No a les retallades” (no a los recortes). Sabíamos que íbamos a tener que esperar un cojón.

Vamos hacia el mostrador.
– Creo que tengo una infección de orina bastante bestia.
– Siéntese, ya la llamarán.
– ¿Me da la llave del baño?

En el baño.
– ¿Te duele? – digo desde el otro lado de la puerta.
– Joder, sí – me contesta desde el interior del baño.

Un cartel en la pared reza: “No se atenderá por orden de llegada, sino por orden de urgencia”. Mierda, como venga un aparatoso accidente múltiple la hemos cagado.

Al rato.
Entra una mujer en una silla de ruedas que conduce un joven, quizá su hijo. Se le ha paralizado media cara, dice él. Eso es un orden de urgencia de la hostia, pienso yo.

Al rato.
Se sientan dos jóvenes detrás de nosotras. Una de ellas habla por teléfono. Es que ha comido pastel de marihuana y dice que escucha voces. Mi hermana me mira.
– ¿Has oído eso?
– No. El qué.
– La de atrás está colocada.

Miro hacia atrás.
– La del teléfono no, la otra.
– ¿Y esa cara de boba también es del colocón?
– Jajaja, no, creo que es su cara real.

La colocada nos ve mirándola y nos sonríe ladeando la cabeza y levantando un hombro, como diciendo “sí, tías, estoy con un cuelgue que lo flipo”.
La chica del teléfono cuelga y la colocada empieza a hablar. Es que tengo la cabeza como buf, ¿sabes? Yo sólo quiero que el médico me mire y que me diga que estoy bien.

A ver, gilipollas. Te has comido un cacho de pastel de maría y se te ha ido la pinza. Tómate una coca cola y sal a tomar el fresco hasta que se te pase el subidón en lugar de estar aquí ocupando turno, que vamos cortos de personal.
Habría pagado por ver la cara del doctor.
– A ver diga, ¿qué le pasa?
– En ocasiones oigo voces.
– ¿Porque ve usted muertos?
– No, porque voy de marihuana hasta las cejas.
Manda cojones. Paga seguridad social para esto.

 

 

 

Para que la entrada no quede tan absurda, voy a presentaros a mi nuevo compañero de fatigas. Después de casi seis años, he pasado de eso de la derecha a la monada de la izquierda (no es ningún pepinazo, pero va ideal).

(Obsérvese la presencia de cuerda y la ausencia de tecla en el especímen de la derecha.
Aunque no os lo creáis, me da una pena deshacerme de él…)