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Después de la tormenta, llueve – Historias de parra ficción (5)

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El hombre que no podía irse a dormir después de una discusión sin poner las cartas sobre la mesa se fue a dormir después de una discusión sin poner las cartas sobre la mesa. Dada la imposibilidad de conciliar el sueño, se sentó en el borde de la cama durante unos minutos, pensativo (ella se había quedado en el sofá viendo una película, o haciendo ver que veía una película).

El hombre se levantó, se puso lo que siempre se ponía cuando tenía que salir de casa a hacer un recado rápido, a por tabaco, al cajero, a comprar aquel ingrediente que faltaba para la cena. Cogió las llaves de encima de la mesa (ella hizo ver que no le veía), abrió la nevera, sacó una lata de cerveza, agarró la bolsa de la basura que había en la puerta y se fue.

En el ascensor abrió la lata y tomó un buen trago.
Había un contenedor en la vuelta de la esquina, pero él prefirió ir al que estaba más lejos. La noche y la cerveza tenían la temperatura perfecta e incitaban a dar un paseo que le refrescara la cabeza. Una vez se deshizo de la basura, pensó en sentarse y disfrutar de la noche, pero cuando encontró el banco ideal en la calle ideal, un perro (de esos pequeños que ladran tan agudo que destrozan el tímpano) rompió el silencio imperante desde un balcón. Aquel momento de evasión se vio quebrantado de un modo tan irritante que sintió que lo mejor era volver a casa.

Ella había apagado el televisor, y dormía en el sofá.
Mientras él se preparaba un gintonic con más ginebra de lo habitual, se preguntaba porque las mismas personas a las que amaba tanto eran las mismas a las que más podía llegar a odiar en un momento dado.
Cuando el gintonic estaba a la mitad, se preguntó si odiar era la palabra.

 

El hombre que no podía irse a dormir después de una discusión sin poner las cartas sobre la mesa pensó en las cosas que le podría haber dicho antes de que ella se quedara dormida en el sofá. Posiblemente si lo hubiera hecho ya estaría dormido. O posiblemente no.

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Acerca de pecosa

En mi familia tengo fama de borde. No te jode, como si fuera la única. Torpe, surrealista, despistada, cabezona. Eso no lo dicen ellos, lo digo yo. Tengo pecas aunque en la foto de perfil no se aprecien, pero es que la foto me quedó guapa de cojones, así que a la mierda si las pecas no se ven. Me pasé de Blogger a Wordpress en busca de emociones fuertes (me encanta vivir al límite). Me encontré con un escritorio que no entendía y que estaba mitad en inglés, mitad en español. Puse la primera plantilla que me pareció sencilla, manejable y maja y me monté una cabecera con el GIMP. El resultado es el que ves. No me pidas más.

»

  1. de haber jugado bien sus cartas podría estar durmiendo como un bendito, o reconciliándose como conejos, pero esa cerveza helada paseando una ciudad dormida no se la quita nadie.

    es necesario sacar la basura. con el síndrome de diógenes emocional, un mal gesto, un malentendido, una tontería de nada, un me callo, se corre el peligro de que a uno le desborde la mierda. odiar no es la palabra, pero se le parece.

    Responder
    • saber jugar a cartas es tan necesario… y las cervezas. y los conejos.

      si todo el mundo sacara su propia basura cuando debe no salpicaría la m a todo aquél que compartiera espacio con los enfermos de síndrome de diógenes emocional.

      odiar – radio – dario – irado – doari

      Responder
      • sabes si hay contenedores por colores. marrón para las mierdas del curro, verde para la perdida de esperanza, amarillo para las gotitas en la tapa del inodoro?

      • pues no sé, pero hay una leyenda urbana que dice que separar las mierdas es una gilipollez porque al final acaban en un gran vertedero donde se mezclan todas.

      • lo he dicho varias veces ya, pero me repetiré porq es justo:
        admiro la capacidad de vitt, la rapidez (eso es vitt en algún idioma o lo debería ser) y, oño, la inteligencia. ole vitt! también espero conocerle algún día.

      • yo también se lo he dicho mil veces y él dice que tampoco es para tanto, así que seremos unos cansinos y le repetiremos que es un grande las veces que haga falta. algún día nos presentaremos delante de su casa vitttoreando su nombre, con pancartas que digan “apocalipsis forever”, pidiéndole un hijo suyo y esas cosas que hacen los fans.

  2. Me gusta acercarme a la recóndita librería de la calle de Puig Uriol, – esa que solo abre de madrugada – subir a la tercera planta y dirigirme a la sección Parra -Ficción.
    Allí están esas historias con sabor a mosto amargo que me dejan puntos suspensivos por dentro.

    Antes de irme a dormir, si la noche viene con la brisa necesaria, caigo en la cuenta de que no eran puntos suspensivos. Eran pecas reflexivas.

    Mañana me escapo otra vez 🙂

    Responder
  3. Que muchas veces, no sabemos ni de que va el juego, así que no encontramos que carta echar y es mejor hacer un punto, abre parentesis, cierra parentesis (estilo vitt) y tomarse una cerveza, … o mas.
    Me encantan los textos de temas cotidianos que suenan a historias desconocidas.

    Responder
    • Tener que jugar a un juego al que no se sabe (o no se quiere) jugar toca bastante la moral (Vittt tiene estilo, es cierto).
      Una cerveza a tiempo no tiene precio. O más.

      Cuántos textos de temas cotidianos habremos conocido de cerca…

      Responder
      • ni mis abuelas (que mira que me querían (más bonicas)) hubieran podido decir eso de mí sin que se les escapara (una miqueta o una chispina) la risa.

      • si tus abuelas (no me extraña que te quisieran amb follia o con locura) hubieran leído el apocalipsis, me habrían dado la razón.

  4. Me gustan tus historias que hablan de sensaciones, de momentos y de pensamientos, me gusta sentir que hay algo de ti en ellas, quiza por eso son tan buenas, tan reales , tan cotodianas y sencillas, me encanta

    Responder
    • En algunas más y en otras menos, pero supongo que es inevitable que las historias que cada uno escribe no tengan algo de uno, aunque sean ficción (ya sabemos todos que la realidad la supera).
      Que te encante me encanta 🙂

      Responder
  5. … lo q no se llega a decir es como cartas abandonadas en mesa de juego, infinitamente inútil-inane-inerme…-idiota
    el hombre empezó con cartas y acabó con una carta
    la pregunta es que clase de carta sería la q pintaría en la hoja en blanco: bastos? espadas?
    o corazones? (la de copas se la bebió ya)

    Responder
    • Definitivamente lo suyo es ser banca, que siempre gana.

      Queda muy cursi, pero siempre corazones, que bastos y espadas ya hay demasiados por ahí. (La de copas se la bebió ya, qué grande)

      Responder

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