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Mi primer Primer Premio

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La noche anterior al gran día siempre nos quedábamos a dormir en casa de mis abuelos, porque al día siguiente había que madrugar bastante. Mi abuela nos despertaba y desayunábamos con mi abuelo y mi tío cuando todavía era de noche. Desde que tengo memoria, mi abuelo siempre desayunaba lo mismo: café con leche y madalenas. A mí por aquel entonces ya me gustaba el olor a café con leche, así que mi abuela me preparaba Eko (me decía que era como café con leche, pero para niños) y me daba alguna de esas tortas andaluzas de aceite tan ricas. Mi tío y mi abuelo hacían el último repaso para asegurarse de que no olvidaban nada (cebos, anzuelos, hilo, cañas, boyas) y, entonces sí, partíamos hacia el puerto, donde se celebraba el Concurso de Pesca Infantil.

 

Llegar allí siempre era emocionante. Los pescadores se saludaban, mostraban orgullosos a sus hijos, nietos o sobrinos, y hacían bromas sobre quién iba a ganar. Me gustaba el ritual previo al inicio del concurso. Cada niño concursaba acompañado de un adulto. El adulto se encargaba de prepararle la caña, el anzuelo y el cebo y darle indicaciones; pero en ningún caso podía tirar la caña, o ayudar a sacar un pez cuando picaba, porque se consideraba hacer trampas y podían expulsarte del concurso.
Mi hermana pescaba con mi abuelo y yo lo hacía con mi tío. Ella se ponía muy nerviosa porque mi abuelo era un viejo pescador cascarrabias, yo creo que por eso jamás le acabó de gustar el tema de la pesca. Pero a mí me encantaba. Me gustaba ver como mi tío preparaba la caña, o ponía el cebo (generalmente cachitos de mejillón crudo) explicándome que debía tapar completamente el anzuelo para que los peces no lo vieran y picaran. Me gustaban también las sillas de pescador sobre las que nos sentábamos, me hacían sentir mayor. El concurso requería de una concentración máxima. Pescar supone estar mirando durante horas una boya flotar en el agua, algo que puede parecer aburrido, pero que para mí no lo era en absoluto. Entre otras cosas porque, en cualquier momento, la raya de la boya podía desaparecer bajo el mar, y si eso pasaba, significaba que habían picado. Y entonces era todo tensión. ¡Tira!, decía mi tío. Y yo tiraba, nerviosa pero firme. Y entonces había que aguantar y dejar que el pez se cansara, e ir acercándolo poco a poco, hasta que levantaba la caña y salía, y lo veíamos todos y mi abuela decía ¡oleeee! 

 

 A mediodía terminaba el concurso. Siempre acababa con el culo cuadrado, eran muchas horas estando sentada casi todo el tiempo. Pero merecía la pena aguantar hasta la entrega de premios. Todos, hubiéramos ganado o no, teníamos un trofeo o una medalla, y además, y esto era lo mejor, nos dejaban elegir un juguete de entre toooodos los que había dispuestos en una mesa enorme (así fue como conseguí mi Conecta 4).

Existían dos premios importantes: al mayor número de piezas (al que pescara más, vamos) y a la pieza más grande y pesada. Éste último era el premio más preciado, por supuesto. Casi todos los años ganaban los Castro. Los Castro era una familia de pescadores de toda la vida, y eran unas máquinas. Por eso el concurso del ’93 fue diferente y especial: porque el primer premio me lo llevé yo. El único primer premio de mi vida, pero yo no necesitaba más, había ganado a los Castro. Cuando nos lo dijeron fue como si nos dijeran que nos había tocado la lotería. 

 

Las dos únicas copas que conservo a día de hoy son la de mi primer trofeo, del año 1985 (yo nací en el 81 y aunque la categoría era para niños de 6 a 10 años -véase placa- yo concursé con cuatro porque mintieron en la inscripción. “Si te preguntan di que haces los seis este año”, recuerdo que me decían); y el trofeo de mi primer (y único) Primer Premio.

       

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Acerca de pecosa

En mi familia tengo fama de borde. No te jode, como si fuera la única. Torpe, surrealista, despistada, cabezona. Eso no lo dicen ellos, lo digo yo. Tengo pecas aunque en la foto de perfil no se aprecien, pero es que la foto me quedó guapa de cojones, así que a la mierda si las pecas no se ven. Me pasé de Blogger a Wordpress en busca de emociones fuertes (me encanta vivir al límite). Me encontré con un escritorio que no entendía y que estaba mitad en inglés, mitad en español. Puse la primera plantilla que me pareció sencilla, manejable y maja y me monté una cabecera con el GIMP. El resultado es el que ves. No me pidas más.

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  1. ¡¡Pedazo de documento este!! Mini Pecs pescadora (de Vicma)
    ¿Sabes lo que te digo? Que mucho has tardado en contarlo.

    Imagino que en las declaraciones a la prensa no dirías que tomabas Eko, el café con leche para niños. Igual eso era trampa también xDD

    ¡Quiero más Pecosa rememberings! 😀

    Responder
    • Me alegra que te haya gustado. Uno a veces piensa que esos recuerdos no son nada extraordinario, y no piensa en la posibilidad de incluirlos en una entrada; pero tienen algo especial, sí. Me ha gustado rememorarlo. Además, ha sido muy curioso porque a medida que iba escribiendo me iban viniendo recuerdos a la cabeza, como lo del Eko, por ejemplo (shhh, es un secreto ;))

      Ya habrán más Peco-rememberings, seguro.

      Responder
  2. sabes esas sonrisas, tan francas, que te achinan los ojos y afilan las patas de gallo? pues que lo sepas.

    gracias a que no les has puesto pimienticos a las fotos, si alguien logra hacerse con uno de esos sofwares militares yankis que avejentan los retratos para saber la pinta que tendrían pasados los años, podría saber cómo dará gusto verte a los cien años.

    mi favorita es la del puerto por aquél entonces. esa niña ajena a la cámara, concentrada en la caña. las niñas con coleta marcaron mi infancia. y la última, la de la sonrisa franca que te achinaba los ojos y señalaba el camino a las patas de gallo a los cien años.
    una vez me dijeron: tienes patas de gallo.
    réplica a degüello: porque me he reído mucho (en la vida), gilipollas!

    Responder
    • a la mierda los pimienticos, estas fotos son demasiado bonitas como para plagarlas de pimientos. ni que esto fuera una escalivada!
      softwares militares yankis, jajajaj seguro que hay alguna versión gratuita cutre que se pueda descargar del softonic 😉

      sabes? siempre me han encantado las patas de gallo, no entiendo como hay tanto rechazo socio-estético hacia ellas. me inspiran ternura, simpatía, dulzura. “tienes patas de gallo”, dicen. pues claro, no te jode. los que no las tienen, una de dos: o se han puesto de botox hasta las cejas (repugnante) o tienen cero expresividad emocional (triste, triste, triste).

      las sonrisas tan francas que achinan los ojos y afilan las patas de gallo son las mejores. las más bonitas. que lo sepas, nogensmenys.

      Responder
      • si acaso unos pimienticos del padrón; apuesto que eres de las que pican. dudo que exista la versión del viejuneitor que te haga justicia.

        ahora que lo pienso, no recuerdo haber recibido nunca un primer primer premio. alguna vez he subido al pódium. medalla de bronce, mayormente. pero ganar, nunca. por suerte, tengo un perder estupendo.

        las patas de gallo son mis arrugas favoritas.

        ><
        U

      • lo que te gusta a ti sacarme los colores, nogensmenys

        algún día me haré una camiseta, lo juro por los ganchitos, que diga “las patas de gallo molan”

        me pregunto de qué será esa medalla de bronce: cien micros lisos, lanzamiento de lápida, salto a la inmmmmensidad.
        para mí eres medalla de diamante.

  3. Seguro que has tenido mas premios en tu vida…aunque no se materializaran en forma de trofeo
    Besos

    Responder
  4. Que monas miniPecs y minihermanaPecs!
    Vuelvo a estar con JuanRa quiero mas rememberings!

    La verdad es que los buenos tiempos de la infancia, son tan buenos porque son puros, imposible no sacar una sonrisa con esto =)

    Responder
    • Las historias de la infancia molan, todos tenemos alguna (así que hala, ya sabéis!).
      Tendré que recurrir a las fotos para rememberingear, porque así en frío no rememeringereo casi nada. En cuanto tenga material os cuento otra historia 🙂

      Responder

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