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¿Puedo arrancarte la cabeza, hermosura?

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(Ésta es una de esas entradas en la que pongo a parir a alguien. Hacía tiempo que no usaba este recurso estilístico, así que es posible que se aprecie cierto recreo en el texto.)

 
Hace unas semanas fui al cumpleaños de una amiga. Lo que tenía que ser una cena íntima al final resultó ser un pupurri de personas venidas de distintos ámbitos sociales de la cumpleañera: compañeras de trabajo, contactos de las redes sociales, amigas de toda la vida, vecinos, amantes, amigos de amigos…
No me suponen ningún problema los eventos sociales en los que haya desconocidos, siempre es agradable charlar con gente nueva. El problema lo tengo cuando me encuentro con personas que en lugar de cerebro tienen un bolso (de firma, eso sí) y además creen que son alguien (y simplemente son personas con bolsos en lugar de cerebros).

A veces puedo ser bastante prejuiciosa. Pero también reconozco que muchas veces no me equivoco. En cuanto la vi pensé de ella que era un maniquí, pero en cuanto abrió la boca me dejó claro que no estábamos delante de un maniquí inteligente, ni siquiera delante de un maniquí tonto de los que hacen un favor a la humanidad y apenas hablan porque no saben. Estábamos delante de una de esas guapas que creen que son superiores al resto del mundo. Una de esas guapas que pronuncia la ‘s’ como si fuera a extinguirse en qualquier momento y que mueve la melena con cada signo de puntuación. Una de ésas que, ni siquiera estando en el cumpleaños de otra persona, puede evitar hablar todo el tiempo de sí misma. La guapa con cerebro de bolso se tomó la molestia de dejarnos a todos bien claro, así, sin venir a cuento, que ella era cantante.
Cuando en una fiesta la gente bebe y canta por la calle no hace el ridículo, porque todos van borrachos. Pero si estás en la puerta del restaurante fumándote un cigarrillo, y te pones a cantar uno de esos temas dance de tus performances, y levantas una pierna a lo Fama sin importarte que esté la terraza hasta el culo de gente tomando cañas; si haces todo eso cuando a la gente aún no le ha afectado la ingesta de alcohol, no quedas como una tía guay y moderna, quedas como una absoluta y completa gilipollas. Como mi capacidad de tolerancia y disimulo es bastante nula, mi cara en aquel momento debía ser un poema. No tuve reparo en darme media vuelta e irme, por si se me contagiaba algo.

¿Has escuchado lo que dijo cuando estábamos tomando los cafés?, me dice mi hermana al día siguiente.
La situación fue así de sencilla y campechana (¡a quién se le ocurre se campechano con una diva!): uno de los presentes se acercó a donde estaban la cumpleañera y sus compañeras de trabajo (entre ellas, ella) a contar un chiste (conociendo a la persona, probablemente era un chiste malo). Cuando terminó se lo quedaron todas mirando (seguramente el chiste debía ser demasiado complejo), a lo que él respondió volviendo tan feliz a su zona de la mesa a acabarse su pacharán. Fue entonces cuando la cabeza-de-bolso le soltó a la cumpleañera: De dónde los has sacado a todos, ¿de un autobús?. Habló la señorita que se había desplazado al restaurante en su coche con GPS y todo y así se había perdido. Habló la señorita que no sabe que El Molino está en el Paralelo porque no se mueve por ‘estos barrios’.

Me resbalan infinitamente las opiniones de las personas sin cerebro, pero me molesta su existencia. Qué ganas, de verdad, de decirle finamente, tan fina como es ella: ¿puedo arrancarte la cabeza, reina? Tocaríamos a más oxígeno por cabeza. Por cabeza arrancada, claro.

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Acerca de pecosa

En mi familia tengo fama de borde. No te jode, como si fuera la única. Torpe, surrealista, despistada, cabezona. Eso no lo dicen ellos, lo digo yo. Tengo pecas aunque en la foto de perfil no se aprecien, pero es que la foto me quedó guapa de cojones, así que a la mierda si las pecas no se ven. Me pasé de Blogger a Wordpress en busca de emociones fuertes (me encanta vivir al límite). Me encontré con un escritorio que no entendía y que estaba mitad en inglés, mitad en español. Puse la primera plantilla que me pareció sencilla, manejable y maja y me monté una cabecera con el GIMP. El resultado es el que ves. No me pidas más.

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  1. ¡Jo!, si te hubieses quedado más tiempo podias haberla puesto a parir más. Has sido muy fina. Gente tonta hay en todos los estratos sociales. Pero si además de tonto eres extrovertido es cuando no hay quien te aguante.

    Responder
    • Jajajaja, tú lo que quieres es que me ponga choni. No quería caer en el insulto fácil, la verdad. Y menos cuando se trata de pijas de mie&$# prepotentes con cara de chupap@{\% y cerebro de mosquito. No vale la pena.

      Tontos y extrovertidos, ¿para qué los queremos?

      Responder
      • cabeza de bolso (de marca)… sólo por eso, la diva de terraza merece el indulto.
        hace tiempo conocí a alguien así. más o menos. parecía salida de una revista, pero se creía más guapa de lo que era. y guapa era un rato. demasiado sofisticada para los que estábamos allí. apenas abrió la boca en toda la noche, y es una lástima, quizá diciendo algo hubiera resultado un poco atractiva.

      • a veces me pregunto si para los hombres ese tipo de belleza como la que tú conociste resulta atractiva (cuando digo “atractiva” me refiero a digna de merecerse un polvo). para las mujeres a veces ese tipo de belleza en un hombre puede ser follable; pero reconozco que, para mí, el típico guapo tonto ya hace tiempo que carece de follabilidad.

        y de indulto nada, que me traigan la guillotina!

      • era digna de merecerse un rapapolvo. soy un tipo básico.

  2. Sólo te ha faltado un “ZAS! En toda la boca”.

    Hay que saber ser persona, y hay personas que no saben serlo. Tan fácil como eso; a los que sí sabemos ser humanos, nos queda aguantar, ignorar e insultar con gusto y elegancia, en este orden. Aunque, de tres, seguro que cerebro-de-bolso sólo pilla una y las demás las tacha de “pataletas de personas, a falta de término mejor, que envidian mi ser pero les duele al orgullo admitirlo”.

    En pocas palabras, barbies, barbies everywhere.

    Y tú, querida Pecosa, has quedado como una señora. Ole tú!

    Responder
    • Siempre me pasa igual, en caliente suelto demonios por la boca, pero en frío soy una mosquita muerta, y encima quedo como una señora. Pues vaya 😉
      Siempre he querido protagonizar una de esas escenas de película en las que se dicen cuatro verdades a la cara y lo dejan a uno más ancho que largo, aunque se corra el riesgo de llevarse un sopapo. Qué gustazo debe sentirse en una situación así…

      Yo nunca fui de Barbies, a mí me gustaba más la Chabel (“Chabeeel, Chabeeel, qué bien!”).

      Responder
      • Gustazo? Es prácticamente orgásmico xD… te quedas mas ancha que larga! Tienes que probarlo algún día. De hecho, si tu amiga sigue llevándose a cerebro-de-bolso a los cumples, tendrás oportunidades a patadas!! Jajaja…

        Chabel? Quién es esa?!… nunca me gustó el plástico de mala calidad OoO… xD

      • Ay, si es que creo que tú eres de otra generación…
        La Chabel era una muñeca del tipo Barbie, pero más de clase media. Yo tenía ésta 🙂

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