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Archivo mensual: mayo 2012

Minipecosa

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Minipecosa (8 años)  tiene una bolsa de caramelos. A Minihermana (4 años) se le hace la boca agua:

Minihermana: Halaaa, yo quierooo…
Minipecosa: No, tú no puedes comer.
Minihermana: ¡Sí, hombre! ¿Y por qué no?
Minipecosa: Porque son caramelos para mayores, lo dice aquí en el papel, mira: “Caramelos prohibidos para menores de 8 años”, ¿ves?
Minihermana: Jo…

Se me acabó el chollo cuando mi hermana aprendió a leer.

***

Minihermana y Minipecosa estaban solas en casa. Minihermana estaba revolucionada y no hacía caso.

Minipecosa: Minihermana, pórtate bien o llamo a la policía para que te metan en la cárcel.
Minihermana: ¡Sí, claro!
Minipecosa: ¿Que no? Mira. -Minipecosa coge el teléfono y hace ver que marca- ¿Señor policía? Vengan a llevarse a mi hermana que se está portando mal.
Minihermana: ¡Vale, vale! ¡Ya paro!
Minipecosa: Bueno, bueno, no vengan. Si se vuelve a portar mal ya les vuelvo a llamar.

***

 

Minipecosa: ¿Jugamos a reinas?
Minihermana: ¡Vale!
Minipecosa: Yo soy la reina primero.
Minihermana: Bueno…
Minipecosa: Hazme cosquillitas en la espalda.
Minihermana procede a hacer cosquillitas en la espalda. Al rato:
Minipecosa: Ahora hazme un bocata de Nocilla.
Minihermana prepara el bocata de Nocilla. Después:
Minipecosa: Mmm… Ahoraaaa…
Minihermana: Ya ha pasado el tiempo, me toca a mí ser la reina.
Minipecosa: Ay, es que ya no me apetece jugar más…

(A petición de La Exorsister. Como ves, las anécdotas que recuerdo de cuando era pequeña son de abusona total, pero así somos los hermanos mayores, unos hijos de la gran p)

Mira que hay gente, coño

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Hoy me dice mi madre:
– ¡Anda, qué morenita estás! ¿Que has ido a la playa?
– No… es de las manis…
– Tía, tienes la marca de la camiseta – confirma mi hermana tras mirarme los hombros durante unos segundos.

Y es que, lo que en épocas de bonanza de la economía española era el moreno paleta, o moreno camionero, ahora ha sido sustituido por el moreno mani (entre otras cosas porque paletas y camioneros cada vez hay menos, y manifestantes cada vez hay más).
El moreno mani tiene las mismas ventajas e inconvenientes que el moreno paleta o camionero: las ventajas son que uno ya no va por la vida con la cara de cadáver de los últimos siete meses, y en mi caso además las pecas empiezan a despertar, lo cual siempre me resulta muy gracioso (¡hola, chicas!). Pero el moreno mani tiene muchos inconvenientes, a saber: espalda blanca, barriga blanca, tetas blancas, culo blanco, piernas blancas, pies blancos.
Mi amiga dice que va a tener que tomar el sol antes de empezar a ponerse los vestiditos de verano porque está muy blanca, pero claro, al menos ella tiene el mismo tono de piel en todas partes. No quiero saber la pinta que voy a tener yo con los brazos morenos y las piernas como la cara de Iniesta.

En fin.
Esto de las manis es muy curioso. Puede pasar de todo. Uno va con la idea de caminar (manifestarse es una manera fantástica de ponerse en forma, senderismo urbano), leer pancartas ingeniosas, hacer barricadas cantar, gritar, quemar cosas  sacar fotos… Pero no es un contexto, allí, entre miles de personas, en el que uno esperaría encontrarse a un ex.

No soy una persona rencorosa, pero cuando ciertas actitudes sobrepasan un límite no olvido, por mucho que hayan pasado casi diez años.
No me vale que esa persona que me faltó tanto al respeto, a mí y a mi familia, se ponga delante mío en plan “¡sorpresa!” con una sonrisa de oreja a oreja, esperando lo mismo por mi parte. No me vale que me abrace, al contrario, me repugna. No me vale que me diga que se alegra de verme. Ten por lo menos un poco de dignidad, cabrón, y pídeme disculpas. Por lo menos eso.

Ni le sonreí, ni le abracé, ni le hablé. Pero después estuve observándole durante un buen rato, desde la distancia. Estaba rodeado de gente, pero iba solo. Y no me extraña.

Memoria

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A propósito de la memoria y los recuerdos, ayer leía esto: “Los recuerdos son lo único que nos pertenece. Están hechos a nuestra imagen y semejanza. Dime qué recuerdas y te diré cómo te lo inventas. Ficción basada en hechos reales“. No me pudo parecer más acertada (y bella) esa descripción.
Precisamente esta mañana, durante una conversación, he verificado (una vez más) que un mismo recuerdo puede ser recordado por dos personas de muy distinta manera.
Y la verdad es que estas cosas a mí no dejan de provocarme perplejidad.

Si hay algo que me intriga del ser humano es el cerebro. Sé que es un tema recurrente, objeto de miles de estudios científicos, programas de televisión y debates. Pero por mucho que pueda ser analizado me sigue pareciendo increíble todo lo que rodea su existencia y funcionamiento.
Cuando uno compra riñones o hígado para hacer a la plancha, o ve cómo destripan a un pollo, o cómo le sacan los ojos a un pescado puede no sentir nada, sentir asco, o incluso parecerle divertido (a mí lo de los ojos del pescado me hace mucha gracia). Pero ¿quién no ha visto en una carnicería los sesos de algún animal y los ha estado observando durante unos segundos, semi hechizado? Yo creo que es algo más o menos generalizado. Sus formas y recovecos parecen esconder, como los laberintos a los que tanto se asemejan, misterios a los que tenemos acceso restringido.
Y lo que gustan los cerebros. No me refiero a la gastronomía, sino a lo infinitamente erótica que puede resultar una persona físicamente no atractiva, pero que sin embargo tenga pensamiento crítico, conversación, curiosidad, arte. El cerebro es un arma tremenda, por eso muchos se preocupan de que no se desarrolle lo suficiente.

Volviendo a los tantos misterios del cerebro, confiamos especialmente en uno de ellos: la memoria y los recuerdos. Muchas veces son fiables y reales, y es gracias a ellos que podemos evolucionar, madurar y en definitiva, vivir. Pero ¿cuántas veces hemos afirmado algo basándonos en un recuerdo, con una certeza y un convencimiento absolutos, y luego ha resultado que estábamos equivocados? Mientras hablas ves en tu mente lo que estás diciendo, pondrías la mano en el fuego y no te quemarías (crees), das todo un discurso, mil y un detalles… y de pronto alguien dice algo que manda esa coherencia al garete. Y uno frunce el ceño, y queda pensando.

Dejando de lado las discusiones que puedan crearse por recordar cosas de distinto modo, pienso en mis recuerdos. En los míos propios. En los de cuando era pequeña. O los de la primera vez que me enamoré. No sé por qué tengo tan pocos recuerdos, y los pocos que tengo ni siquiera sé si son reales o los he inventado yo. Es por eso que saco tantas fotos, y guardo muchas cosas. Para tenerlas de recuerdo, porque no deja de ser una forma de intentar no olvidar.

Tengo muy mala memoria, si alguna vez nos cruzamos por la calle y no os reconozco no os enfadéis conmigo.

La desintegración de la persistencia de la memoria. Dalí. 1952.

¿Nuestra vida o la de ellos?

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Imaginaos escribiendo con una pluma, de ésas antiguas de antes, una pluma preciosa, aparentemente perfecta. Pero no tiene tinta. No funciona, y aún y así la seguís usando.

Imaginaos con un libro entre las manos. Un libro con encuadernado de cuero y hojas de papel grueso y rugoso. Un libro que todo el mundo querría leer. Aunque no tenga letras. 

Imaginaos un cine. Pantalla gigante, cortinajes rojos de terciopelo, amplios butacones. No se proyecta nada, no hay película; pero todo y así, todos pagamos la entrada.

Imaginaos un guiso, el que prefiráis: el de mamá, el de la abuela, el que hacéis vosotros. Imaginaos realizarlo con el mejor sofrito del mundo como base, y salpimentarlo, condimentarlo con mil especias. Y que luego, cuando lo coméis, no sabe a nada. Aunque no importa, todo el mundo va a decir que ese guiso tiene todos los ingredientes necesarios para que sea perfecto.

Y yo me sigo preguntando cómo es posible que muchos aún no se den cuenta de que nuestro destino está escrito con una pluma chapada en oro, que sólo unos cuantos poseen. Nuestro destino puede leerse en cualquier libro antiguo, porque no es nuevo. Puede verse proyectado en la mejor sala de cine porque ya sucedió, y ya se hicieron películas sobre ello. Nuestro destino está sazonado con un sinfín de aderezos, pero no sabe a nada.
Y escribe una persona que no cree en el destino.

Pero ¡alto! ¡Que nadie se tire por la ventana! (Al menos no todavía). No todo está perdido.

El Gato de Chesire tenía toda la razón del mundo:

– Sólo quiero saber qué camino debo tomar.
– Pues depende a dónde quieras ir tú.
– Eso no importa, si tu me dices…
– Entonces, ¡realmente no importa el camino que escojas!

 Hay dos tipos de personas: las que deciden y las que dejan a los demás decidir por uno.

Mozuelos

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En mi ciudad, intentan salvar a los que quedan atrapados en una torre con un helicóptero.

En mi ciudad, te registran antes de entrar a una plaza en la que se convoca una manifestación.

En mi ciudad, cierran los accesos a la parada de metro más cercana al lugar de la concentración.

En mi ciudad, los secretas llevan brazalete identificativo.

 

Os puedo jurar que hacía tiempo que no vivía una dosis de surrealismo tan fuerte en un solo día. Qué mozuelos estos, hay que ver cómo les gusta llamar la atención.

En fin, Feliz 1 de Mayo.